El Jardín Botánico Carlos Thays recibirá este sábado 26 y domingo 27 de septiembre la undécima Feria del Botánico, con 53 expositores, propuestas de jardinería, biodiversidad, diseño, educación ambiental y venta de plantas. La cita será en avenida Santa Fe 3951, con entrada libre y gratuita, en uno de los pocos espacios porteños donde la naturaleza todavía se puede recorrer como patrimonio, ciencia y memoria urbana.
La primavera porteña suele venir con una trampa: parece que la ciudad vuelve a florecer sola. Se llenan las veredas de gente, los parques recuperan colores, las redes se inundan de jacarandás adelantados y los viveros se convierten, por unos días, en una especie de refugio emocional. Pero atrás de cada árbol sano, de cada cantero vivo y de cada planta que logra no morir a la semana de haber sido comprada hay conocimiento, trabajo, tiempo, agua, suelo, poda, reproducción y paciencia. La Feria del Botánico que se realiza este fin de semana en Palermo permite mirar todo eso de frente.
No es solamente un paseo para comprar una suculenta y sacarle una foto. La undécima edición de la Feria del Botánico se realizará el sábado 26 y domingo 27 de septiembre en el Jardín Botánico Carlos Thays, sobre avenida Santa Fe 3951. La propuesta reúne 53 expositores vinculados con plantas, semillas, bulbos, orquídeas, huertas, insumos, diseño, publicaciones y producción artesanal. También habrá espacios de educación ambiental, divulgación científica y conservación a cargo del propio Jardín, la Asociación de Amigos, las Reservas Ecológicas, el Ecoparque y otras instituciones.
El horario informado para ambas jornadas es de 10 a 17.30, con entrada libre y gratuita. Como cualquier actividad al aire libre, puede tener modificaciones operativas por cuestiones climáticas o de organización; antes de salir conviene revisar los canales oficiales del Jardín Botánico o de la Ciudad.
Para Palermo Online, la feria importa por una razón que excede al evento puntual. El Botánico no es una plaza decorativa ni un lugar de paso entre Plaza Italia y la Rural. Es un jardín histórico, una colección científica viva, un monumento nacional y una pieza decisiva del proyecto urbano que Carlos Thays dejó en Buenos Aires. La feria ofrece una excusa excelente para entrar, pero la visita vale si se entiende qué se está pisando.
El jardín que Carlos Thays imaginó para estudiar una ciudad que crecía demasiado rápido
El origen del Jardín Botánico se remonta al 22 de febrero de 1892, cuando Carlos Thays, entonces director general de Paseos Públicos de la Capital, elevó a la Intendencia un proyecto para crear un jardín botánico de aclimatación. No se trataba de llenar Palermo de flores bonitas. El propósito tenía una dimensión científica y urbana: estudiar especies, adaptar plantas a las condiciones locales, formar conocimiento y aportar vegetación a una Buenos Aires que crecía con una velocidad formidable.
Thays, paisajista francés nacionalizado argentino, entendió que el verde público no era un lujo para las elites ni una decoración que se ponía al final de una obra. Era infraestructura. Los árboles daban sombra, mejoraban el aire, organizaban recorridos, protegían suelos, construían paisaje y creaban espacios de descanso en una ciudad que ya empezaba a expandirse con una lógica cada vez más dura de cemento, tránsito y loteo.
El Jardín abrió al público el 7 de septiembre de 1898, después de seis años de trabajo. La superficie inicial registrada por la Ciudad fue de 77.649,69 metros cuadrados. En 1937 recibió formalmente el nombre de su fundador y en 1996 fue declarado Monumento Histórico Nacional.
No es un dato burocrático: significa que el valor del lugar no se reduce a sus plantas. También incluye su trazado, sus construcciones, sus esculturas, sus invernaderos, su biblioteca, su historia institucional y la forma en que dialoga con el barrio.
Hoy, cuando se habla de espacios verdes, suele aparecer una contabilidad rápida: cantidad de metros cuadrados por habitante, número de árboles plantados, porcentaje de superficie permeable. Todos son datos necesarios. Pero el Botánico recuerda algo más complejo: una ciudad no necesita solamente verde; necesita biodiversidad, saber botánico, mantenimiento sostenido y lugares donde una persona pueda entender de dónde viene aquello que está creciendo al lado de su casa.
Siete hectáreas que no son un decorado
El Jardín Botánico ocupa algo más de siete hectáreas y reúne cerca de 1.580 especies vegetales, según la información turística oficial de la Ciudad.
Esa cifra no debe leerse como el cartel de una colección. Detrás de cada especie hay una historia de procedencia, aclimatación, clasificación, cuidado y reproducción. Un jardín botánico se diferencia de un parque porque sus plantas no están allí sólo para embellecer. Son parte de una colección viva destinada a investigación, conservación, educación y divulgación.
El recorrido permite reconocer tres grandes paisajes vegetales: el jardín francés, el jardín romano y el jardín oriental. Esa división responde al espíritu de finales del siglo XIX, cuando los jardines europeos eran también una forma de ordenar el mundo en estilos, procedencias y referencias culturales. El jardín francés privilegia geometrías, perspectivas y trazados más formales. El romano evoca otra relación con la arquitectura, las esculturas y el orden clásico. El oriental propone una composición más libre, donde los recorridos y los contrastes adquieren otro peso.
Esa organización tiene un valor histórico, pero también obliga a pensar críticamente. Los jardines botánicos nacieron en buena medida junto con la expansión científica europea, el comercio imperial, la circulación de especies y el deseo de clasificar la naturaleza. No hay que mirar ese pasado con ingenuidad. Muchas especies viajaron de continente en continente asociadas a procesos coloniales, económicos y científicos que no fueron neutros. El Botánico porteño permite leer esas capas sin dejar de disfrutar el paseo.
La riqueza real del lugar aparece cuando se camina despacio. Hay palmeras, coníferas, herbáceas, árboles nativos, especies de los cinco continentes, sectores de cactus, invernaderos y una colección de esculturas que cambia el tono de cada sendero. El visitante que entra buscando “un lugar tranquilo” puede salir con algo mejor: la sospecha de que cada planta tiene una biografía y que el paisaje urbano es una construcción política, científica y cultural.
La feria: 53 expositores y una conversación que no termina en la compra
La Feria del Botánico 2026 reunirá 53 expositores. La lista oficial incluye viveros, productores de orquídeas, especialistas en semillas, propuestas de huerta, suculentas, sustratos, herramientas, publicaciones, cosmética natural, apicultura, diseño y emprendimientos relacionados con el mundo vegetal. Entre los nombres anunciados aparecen Ogata Orquídeas, Bulbos Escobar, Sucuus, Devoplant, La Rural Semillería, Terrafertil, Generación Semilla, Sra. Huerta, Simbiosis Fungi, Ceybo Almacén Apícola, Vale la Tierra, Fiori di Casa, Ecomambo y Stihl.
Eso hace que la feria pueda leerse de dos maneras. La primera es la más evidente: una oportunidad para comprar plantas, macetas, sustratos, semillas, herramientas o libros. La segunda es más interesante: un punto de encuentro entre personas que saben cultivar, quienes recién se animan a una maceta en un balcón y visitantes que quieren entender qué significa cuidar algo vivo dentro de una ciudad cada vez más vertical.
Palermo tiene una relación intensa con la decoración verde. En los últimos años, las plantas se volvieron parte del diseño de interiores, de los cafés, de las vidrieras, de los espacios de coworking y de una estética que a veces las trata como accesorio. No hay nada malo en querer una casa más linda. El problema empieza cuando una especie se compra como si fuera una lámpara: se la pone en cualquier rincón, se la riega por impulso, se la abandona cuando pierde dos hojas y se vuelve a empezar con otra.
La feria permite salir de esa rueda. Los viveristas y especialistas pueden orientar sobre luz, riego, tipo de sustrato, tamaño de maceta y crecimiento futuro. Es la diferencia entre llevarse una planta “linda” y llevarse una planta adecuada para el lugar donde uno vive. Un departamento con balcón al sur, una cocina con luz indirecta, una terraza que recibe sol pleno o un patio húmedo no necesitan lo mismo. La planta que sobrevive no es la de moda: es la que encuentra condiciones compatibles.
El Botánico como escuela pública de biodiversidad
La actividad incorpora también espacios de educación ambiental, ciencia y conservación. Eso puede sonar a frase institucional, pero tiene consecuencias concretas. En una ciudad como Buenos Aires, donde gran parte de la población vive en edificios y el contacto con la naturaleza suele reducirse a plazas, veredas y macetas, un jardín botánico cumple una función pedagógica fundamental.
Aprender a reconocer una especie nativa, entender por qué no todas las plantas exóticas son adecuadas, conocer los polinizadores o discutir qué significa conservar un árbol centenario no es un pasatiempo ornamental. Es parte de la alfabetización ambiental que la ciudad necesita con urgencia. La crisis climática suele aparecer en titulares enormes, incendios lejanos o cumbres internacionales. Pero también se juega en el suelo de una plaza, en el arbolado de una cuadra, en la impermeabilización de un patio y en la capacidad de un barrio para sostener sombra durante una ola de calor.
El Jardín Botánico conserva, por ejemplo, un tala centenario, uno de los ejemplares más antiguos de la Ciudad. El tala, Celtis tala, es una especie nativa de la región rioplatense y no debería ser una rareza que se observa como si viniera de otro planeta. Que un árbol nativo llegue a ser un patrimonio notable dice algo de cómo se perdió, durante décadas, parte de la relación cotidiana con la flora local.
La feria puede ser una oportunidad para mirar con menos ansiedad de compra y más curiosidad. Preguntar qué planta atrae mariposas, cuál soporta viento, qué especie nativa se adapta a un cantero de vereda, cómo compostar restos domésticos o qué diferencia existe entre tierra negra, humus, perlita y sustrato preparado. Ninguna de esas preguntas es menor. Son formas de recuperar autonomía frente a un mercado que muchas veces vende soluciones instantáneas para seres vivos que no funcionan de manera instantánea.
Un recorrido de dos horas para no pasar de largo
Para aprovechar la feria y el Jardín sin convertir la salida en una caminata sin rumbo, Palermo Online propone un recorrido simple, de aproximadamente dos horas y media, adaptable a familias, visitantes y vecinos.
La primera hora conviene dedicarla a la feria. No comprar de inmediato. Dar una vuelta completa, observar precios, comparar tamaños, preguntar por origen, necesidades de luz y tipo de sustrato. Si alguien busca una planta para un balcón, lo ideal es llevar una foto del lugar y saber cuántas horas de sol recibe. Si se busca un árbol o arbusto, hay que pensar a escala de años: el error clásico es comprar una especie chica sin considerar cuánto crecerá ni qué raíces desarrollará.
La segunda parte del paseo debería ser dentro del Jardín, sin bolsas pesadas si es posible. Buscar los sectores de colecciones vegetales, detenerse en los invernaderos, mirar las placas identificatorias y tratar de reconocer cómo cambia la temperatura, la humedad y la luz dentro de cada área. El Botánico no se entiende sólo por lo que está florido. También por lo que parece quieto, por los troncos viejos, por los caminos que conectan los sectores y por el trabajo invisible de quienes riegan, podan, reproducen y conservan.
El cierre puede ser sobre avenida Santa Fe, Plaza Italia o las calles internas de Palermo. Queda cerca el Ecoparque, con acceso desde Plaza Italia y avenida del Libertador, aunque conviene confirmar horarios y condiciones de ingreso antes de combinar ambas visitas. También están a distancia caminable el Jardín Zoológico histórico reconvertido, la Rural, el corredor de bares de Plaza Serrano y el eje de avenida Las Heras. La clave es no querer hacer todo en una sola tarde. Palermo premia más al que recorta bien el itinerario que al que corre para tachar destinos.
Cómo llegar, qué llevar y qué no hacer
El Jardín Botánico tiene ingreso sobre avenida Santa Fe al 3900, en el área de Plaza Italia. La estación Plaza Italia de la línea D de subte queda a muy poca distancia. También circulan numerosos colectivos por Santa Fe, Las Heras, Scalabrini Ortiz y avenida Sarmiento. Para quienes llegan en bicicleta, conviene consultar la disponibilidad de estaciones cercanas y asegurar bien el rodado; para quienes van en auto, la recomendación más honesta es evitarlo si se puede, porque el tránsito y el estacionamiento de fin de semana alrededor de Plaza Italia suelen ser un pequeño quilombo perfectamente previsible.
La feria es gratuita, pero comprar plantas implica resolver el transporte. Una maceta grande, una bolsa de sustrato o un ejemplar alto no entran mágicamente en una mochila. Si se va en colectivo o subte, conviene planificar compras chicas: semillas, esquejes, macetas livianas, herramientas manuales o plantas de porte reducido. Para árboles, arbustos o bolsas pesadas, es más sensato organizar una vuelta en auto, taxi, aplicación de traslado o consultar si el expositor ofrece entrega a domicilio.
Llevar agua, protector solar, gorra y una bolsa reutilizable es una decisión práctica. También puede servir una libreta o el celular para anotar nombres botánicos, condiciones de riego y consejos específicos. Lo que no hay que hacer es tocar plantas delicadas sin autorización, arrancar hojas, alimentar animales que puedan circular por el predio, tirar residuos o transformar el Jardín en una locación de producción audiovisual sin prestar atención al resto de quienes lo visitan. El patrimonio se disfruta mejor cuando se entiende que no es de nadie en particular, sino de todos.
La Ciudad informa que el Jardín puede cerrar por razones de seguridad ante lluvia, llovizna persistente o vientos intensos.
La recomendación es clara: antes de salir, revisar la comunicación oficial. No por paranoia, sino por respeto al propio tiempo y al trabajo de quienes cuidan el lugar.
Datos útiles
- Actividad: undécima Feria del Botánico.
- Fechas: sábado 26 y domingo 27 de septiembre de 2026.
- Horario informado: de 10 a 17.30.
- Lugar: Jardín Botánico Carlos Thays.
- Dirección: avenida Santa Fe 3951, Palermo.
- Entrada: libre y gratuita.
- Propuesta: 53 expositores, plantas, semillas, bulbos, orquídeas, suculentas, huertas, diseño, publicaciones, educación ambiental y divulgación.
- Cómo llegar: subte línea D, estación Plaza Italia; colectivos por avenidas Santa Fe, Las Heras, Sarmiento y Scalabrini Ortiz.
- Sugerencia de imagen: toma apaisada desde uno de los senderos, con el follaje en primer plano y puestos de la feria al fondo.
- Crédito sugerido: fotografía propia de Palermonline o imagen institucional del Jardín Botánico Carlos Thays, con autorización y atribución correspondiente.
- Fuentes: Gobierno de la Ciudad, información institucional del Jardín Botánico.
La Feria del Botánico no debería ser sólo una excursión de primavera. Puede ser el comienzo de otra mirada sobre Palermo: menos ansiedad por la novedad, más interés por la vida que tarda; menos planta-objeto, más planta-historia; menos verde de decoración y más naturaleza entendida como parte de la ciudad que queremos habitar.
Preguntas para los lectores
¿Qué planta, árbol o flor de Palermo te enseñó a mirar el barrio de otra manera, y qué conocimiento concreto creés que nos falta para cuidar mejor los patios, balcones, veredas y plazas?
¿La moda de llenar departamentos de plantas ayuda a reconstruir un vínculo real con la naturaleza o corre el riesgo de convertir a los seres vivos en otro accesorio de consumo rápido?
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