El deterioro educativo argentino no empezó ayer ni se explica con una sola gestión. Pero los datos vuelven a poner sobre la mesa una verdad incómoda: las políticas de ajuste, el desprecio por la escuela pública y la falta de inversión sostenida dejaron una herida profunda, especialmente en Matemática. Desde Palermo, donde conviven escuelas de realidades muy distintas, la discusión no puede reducirse a una consigna de campaña: enseñar bien, sostener a los docentes y garantizar igualdad de oportunidades es una obligación del Estado.
Un nuevo informe de la Escuela de Educación de la Universidad Austral, basado en los resultados del Operativo Aprender de 6° grado entre 2016 y 2025, muestra una mejora en Lengua, pero también confirma que Matemática aún no recuperó los niveles que tenía nueve años atrás. Es decir: tras una década atravesada por gobiernos de distinto signo, recortes, pandemia y desfinanciamiento, los chicos siguen pagando la cuenta.
En Matemática, el 43% de los estudiantes del sector más vulnerable alcanzó los aprendizajes mínimos en 2025, contra el 48% que lo hacía en 2016. Entre los alumnos de mayor nivel socioeconómico, la cifra también cayó: pasó del 79% al 73%. No es solamente una brecha entre ricos y pobres; es una caída del aprendizaje para todo el sistema educativo. La matemática, materia clave para el pensamiento lógico, la tecnología y el trabajo del futuro, sigue en terapia intensiva.
La desigualdad se vuelve todavía más cruel cuando se observa el territorio. En Chaco, Tucumán y San Juan, apenas el 34% de los alumnos más vulnerables llega al nivel mínimo en Matemática. En Catamarca, el porcentaje es 35%; en La Rioja, 36%. Son cifras que deberían provocar una reacción nacional inmediata, no discursos de autosuficiencia ni la vieja receta de recortar presupuestos mientras se le exige a la escuela que resuelva sola todos los males sociales.
La Ciudad de Buenos Aires aparece en el informe con resultados relativamente mejores y una brecha menor que otras jurisdicciones: en Matemática, alcanza al 59% de los alumnos más vulnerables y al 87% de los menos vulnerables. Pero ese dato no habilita triunfalismos. Detrás del promedio porteño persisten desigualdades entre barrios, escuelas con recursos desiguales, familias empobrecidas y docentes que sostienen la educación pública aun con salarios castigados.
El informe también deja una enseñanza decisiva: los estudiantes argentinos valoran el acompañamiento de sus maestros y profesores. Lejos de la caricatura que busca responsabilizar a los docentes por el fracaso educativo, los datos indican que su apoyo es un factor central para aprender. Cuidar la educación exige hacer exactamente lo contrario de lo que hicieron las administraciones que la trataron como gasto: financiarla, respetar a quienes enseñan y reconstruir una escuela pública fuerte.
La educación no se destruye solamente cuando se cierra una escuela. También se destruye cuando se naturaliza que un chico no aprenda, cuando se licúan los salarios docentes, cuando faltan materiales, cuando se ajusta el presupuesto y cuando se convierte el derecho a estudiar en un privilegio. Ahí está el verdadero desastre: una generación a la que le piden competir en el mundo, pero le quitan las herramientas para hacerlo.
Fuente: cuarto Informe del Indicador de Desigualdad de Aprendizajes de la Escuela de Educación de la Universidad Austral, elaborado a partir del Operativo Aprender 2016-2025.