Gustavo Cerati vuelve a rodar por Buenos Aires: 160 taxis homenajean al ícono de Soda Stereo
Buenos Aires amaneció distinta. Más eléctrica. Más sentimental. Más porteña todavía. Porque desde esta semana, 160 taxis de la Ciudad circulan intervenidos con la imagen de Gustavo Cerati, llevando su mirada serena y su aura artística por las mismas calles que alguna vez lo vieron caminar en silencio, escribir melodías eternas o perderse entre cafés y estudios.
No es una campaña oficial ni un gesto institucional. Es un homenaje vivo, móvil, popular: la Ciudad de la Furia rindiéndole tributo a su poeta del rock, a ese músico que supo traducir el pulso urbano en armonías que siguen respirando en cada semáforo, en cada bocinazo, en cada noche porteña que se estira un poco más.
Un homenaje en movimiento
Los taxis —símbolo eterno del ritmo porteño— ahora llevan estampada una foto icónica del líder de Soda Stereo. No es un detalle menor: el taxi porteño es refugio de historias, confesionario apurado, escenario de relatos mínimos y épicos. Ver a Cerati ahí, sobre el capó o la puerta, es como si la ciudad decidiera hablarle de vuelta.
Los primeros 160 móviles ya están en la calle. Y mientras avanzan por Corrientes, doblan en Scalabrini o cruzan Santa Fe, la imagen de Cerati devuelve esa mezcla rara de nostalgia, presencia y promesa, la misma sensación que aún vibra cuando suenan los primeros acordes de En la Ciudad de la Furia.
Cerati y Buenos Aires: un romance eterno
Es imposible pensar al músico sin pensar estas calles. Cerati no solo vivió Buenos Aires: la convirtió en mito. La Ciudad de la Furia no es un tema; es un mapa sensible, una topografía emocional que marca generaciones. Que sus taxis lleven su rostro no es solo un gesto poético: es la ciudad reconociendo a uno de sus hijos más brillantes.
Cada taxi intervenido es una postal en movimiento, un recordatorio de que Gus sigue ahí, en la playlist de la calle, en la memoria colectiva, en ese dejo de melancolía que tiene la noche porteña cuando se hace larga.
La reacción de los vecinos
Los porteños ya empezaron a comentar el fenómeno. En Recoleta, una vecina decía que “verlo en el taxi me arrancó una sonrisa; es como si volvieran los noventa por un segundo”. En Villa Crespo, un tachero de toda la vida confesó que “así da gusto laburar; llevar a Cerati en la trompa es como llevar un santo del rock”.
Un guiño poético de la ciudad
Que Buenos Aires homenajeé a Cerati con algo tan cotidiano como un taxi es un gesto profundamente porteño: simple, directo, sentimental sin pedir permiso. Y casi místico. Porque mientras esos autos recorren la trama urbana, uno siente que ahí va también un pedacito de historia, de música y de ilusión.
Y quizás, si la noche está lo suficientemente calma, alguno de esos taxis deje escapar por la ventanilla un susurro: “Me verás volver”. Por las dudas, mirá bien cuando cruces la calle. Podés cruzarte con Cerati viajando a tu lado.