En el corazón verde de Palermo, donde el ruido de la ciudad se disuelve entre hojas centenarias y senderos de tierra húmeda, una pieza clave del patrimonio porteño empieza a recuperar su brillo original. La histórica casona del Jardín Botánico Carlos Thays atraviesa un proceso de restauración integral que promete devolverle no solo su esplendor arquitectónico, sino también su rol activo dentro de la vida cultural y urbana de la Ciudad.
La intervención, impulsada por el Gobierno porteño, no es un simple maquillaje. Es una cirugía profunda sobre uno de los edificios más simbólicos del paisaje urbano. Se trabaja tanto en su estructura como en su funcionalidad, con el objetivo de equilibrar dos mundos que suelen chocar: el respeto por la historia y las demandas del presente.
Un castillo inglés en medio de Palermo
Construida en 1881 bajo el diseño del ingeniero polaco Jordan Wysocki, la casona parece salida de otro continente. Sus ladrillos rojizos, sus torretas y su impronta de castillo inglés contrastan con el entorno botánico que la rodea, generando esa sensación rara —y muy porteña— de estar en varios tiempos a la vez.
Pero su verdadero valor no es solo estético. Durante fines del siglo XIX, fue habitada por el paisajista Carlos Thays, figura clave en la construcción del sistema de parques de Buenos Aires. Desde ahí, literalmente, se pensó gran parte de la ciudad verde que hoy todavía respiramos.
Restaurar sin borrar la memoria
El plan actual apunta a una recuperación completa: fachadas, carpinterías originales, escaleras históricas y detalles estructurales que el paso del tiempo fue erosionando. No se trata de reemplazar, sino de restaurar con criterio. Limpiar, consolidar, reparar y preservar.
Pero hay algo más interesante: la modernización silenciosa. Se incorporarán elementos como un ascensor interior y rampas de acceso que permitirán que cualquier persona pueda recorrer el edificio sin barreras. Porque si algo dejó en claro el siglo XXI es que el patrimonio no sirve de mucho si no es accesible.
Además, se sumarán nuevos sanitarios adaptados, mejoras en iluminación y una reorganización interna que incluirá espacios comunes más abiertos. Y sí, también habrá cafetería. Un gesto que puede parecer menor, pero que en realidad redefine el vínculo entre el edificio y la gente: ya no solo se visita, se habita.
Un jardín que también se restaura a sí mismo
La casona no está sola en este proceso. Durante 2025, el taller MOA (Monumentos y Obras de Arte) intervino más de veinte esculturas distribuidas en el predio. Obras como “La Flora”, “La Amazona” o “La Tempestad” fueron sometidas a procesos de limpieza, consolidación y protección.
El resultado es un Botánico que empieza a recuperar capas de sentido que estaban medio olvidadas. No es solo un parque: es un museo vivo, un archivo vegetal, un refugio climático y un pedazo de historia que sigue respirando.
Más que una obra: una declaración de intención
Detrás de esta restauración hay algo que va más allá de la obra pública. Hay una idea de ciudad. Una donde el pasado no se tira abajo para hacer algo nuevo, sino que se integra, se cuida y se resignifica.
El Jardín Botánico Carlos Thays ocupa siete hectáreas en una de las zonas más dinámicas de Buenos Aires. Es un pulmón, sí, pero también es memoria. Y la casona es su corazón arquitectónico.
La pregunta que queda flotando —como esas hojas que giran en otoño sobre Avenida Santa Fe— es si este tipo de intervenciones van a marcar un camino sostenido o si serán apenas excepciones dentro de una ciudad que muchas veces corre demasiado rápido.
Porque al final, restaurar no es solo arreglar paredes. Es decidir qué historia vale la pena conservar. Y, sobre todo, para quién.
El jardín Botánico Carlos Thays
El jardín Botánico Carlos Thays está ubicado en el barrio de Palermo, Comuna 14. Su origen se remonta al 22 de febrero de 1892, cuando por el entonces Director General de Paseos Públicos de la Capital, el arquitecto paisajista Don Carlos Thays, elevó a la Intendencia Municipal un proyecto en el que exponía la necesidad de creación de un Jardín Botánico de aclimatación para la Ciudad.
En este proyecto aconsejaba que el lugar más indicado para formar ese jardín era el que estaba en la calle Santa Fe a la altura del Parque 3 de Febrero, solar en el que funcionaba el Departamento Nacional de Agricultura y el Museo Histórico Natural, “a fin de efectuar en aquel plantaciones que ya no podían tener ubicación en el Vivero Municipal por hallarse colmado”. Thays señalaba las ventajas de dicho terreno por la proximidad que tenía con los paseos de Palermo y del Jardín Zoológico.
Finalmente, después de seis años de labor ininterrumpida, desde 1892 hasta 1898, el Jardín se abre al público el 7 de septiembre de 1898 con una superficie de 77.649,69 metros cuadrados. En 1937 se le dio el nombre de su fundador, «Carlos Thays» y en abril de 1996 se lo declaró Monumento Histórico Nacional y el 30 de noviembre de 2009 pasó a denominarse «Dirección Operativa Jardín Botánico Carlos Thays».
En el Jardín Botánico te vas a encontrar con el Edificio Central de estilo inglés, ¡Precioso! Construido en 1881 sobre un proyecto del Ingeniero Militar de origen polaco Jordán Wysocky.
Todo el predio es tan hermoso como mágico. Cuesta creer que detrás del follaje hay avenidas de tráfico intenso. ¡Es un oasis de ensueño! Nuestro Jardín Botánico cuenta además con 33 obras de arte entre esculturas, bustos y monumentos y cinco invernáculos en los que se ubican especies con requerimientos ambientales específicos.
Según su origen geográfico se delinean distintos sectores, por ejemplo, el de vegetación argentina. También hay sectores que evocan estilos de jardines históricos como el francés o el romano.
El Jardín tiene como misión, promover el conocimiento y apreciación del mundo vegetal, su importancia y valor, contribuyendo así a la conservación de la biodiversidad y su uso sustentable.