Edificio Residencial en Casares y Gelly
Buenos Aires, noviembre — El sur de Palermo, ese rincón que siempre vibra entre lo universitario, lo residencial y lo que se quiere poner de moda, volvió a dar señales de vida en el mercado inmobiliario. Después de años de amesetamiento, las obras nuevas muestran una tendencia firme: tres años consecutivos de aumentos moderados, valores que siguen arrimándose a los USD 4.000 por metro cuadrado, y un movimiento que entusiasma a desarrolladores… y preocupa a inquilinos.
Una zona chica con apetito grande
Entre Soler, Scalabrini Ortiz, Córdoba y Gallo —la frontera más transitada entre Palermo y el Abasto ampliado— se relevó la presencia de 47 emprendimientos activos, un número que se mantiene estable tras la debacle de 2021, cuando la construcción se frenó en seco. En aquel momento se llegó a registrar un pico histórico de 66 proyectos, cifra que hoy parece más un espejismo de otro país.
El dato clave: 100.091 m² en desarrollo actual contra los 154.203 m² que se construían hace cuatro años. Menos metros, pero mayor valor por cada uno. Un clásico argentino: cuando baja la oferta bruta, sube el entusiasmo por los números verdes.
La Universidad de Palermo, el imán invisible
Como siempre, los ladrillos siguen a los pibes. La mayoría de los nuevos edificios se ubican alrededor de las sedes de la Universidad de Palermo, que mantiene su enorme demanda de alojamientos temporales y unidades chicas, lo que empuja a desarrolladores a apostar por 1 y 2 ambientes, el combo infalible del inversor chico.
Los relevamientos de mercado confirman que estas tipologías se llevan la mayor parte de las unidades disponibles y que los valores se homogeneizan tomando pisos medios (4°, 5° o 6°) y sin cocheras, detalle que permite comparar sin ruido.
¿Se vende? Sí, pero a paso lento
El mercado a estrenar muestra movimiento estable, pero no explosivo. Hay compras, pero son quirúrgicas. Los que se animan lo hacen pensando en el mediano plazo, en conservar ahorros dolarizados y en capturar rentas moderadas cuando el panorama alquilatorio vuelva a abrirse.
El precio promedio sigue trepando, con un ritmo más lento que en los años previos al derrumbe, pero firme: la tendencia del metro cuadrado en Palermo Sur se acerca cada vez más al umbral de USD 4.000, un valor que hace una década parecía reservado sólo para Palermo Soho y Hollywood.
¿Es negocio invertir ahora?
Depende del paladar y la paciencia del comprador. Palermo Sur ofrece unidades nuevas, edificios con amenities mínimos (pero Instagram-friendly), cercanía a transporte y una vida barrial heterogénea, mitad facultad, mitad vida nocturna de bolsillo.
Comparado con barrios como Caballito, Villa Crespo o Almagro, Palermo Sur sigue siendo más caro, pero también conserva un magnetismo que el mercado nunca termina de resignar.
Para quien piensa a cinco o siete años, es una apuesta razonable: la zona mantiene estabilidad, la demanda no se apaga y la oferta no crece de manera descontrolada. Para quien busca rentabilidad inmediata, la ecuación es otra: el valor de entrada es alto y la renta no acompaña al mismo ritmo.
Una postal del presente urbano
Mientras la ciudad se sigue reconfigurando obra por obra, Palermo Sur se presenta como un laboratorio donde se mezclan estudiantes, turistas nómades, vecinos históricos y brokers que hace diez años ni sabían ubicar Gallo en el mapa. Si algo demuestra este relevamiento, es que la zona mantiene esa combustión lenta y constante que la caracteriza desde hace más de una década.
Los ladrillos vuelven a ladrar. Y en Palermo, siempre suenan un poco más fuerte.