Diseñado por Carlos Thays como un barrio-jardín, Palermo Chico conserva algunas de las residencias más extraordinarias de la ciudad. Detrás de sus muros vivieron escritores, empresarios y coleccionistas; más tarde llegaron reyes, embajadores y gobiernos extranjeros. Un recorrido documentado por sus casas protegidas, desde la revolución moderna de Victoria Ocampo hasta la Casa Redonda de Mario Palanti.
Hay un momento en que Buenos Aires deja de parecerse a sí misma. Ocurre al cruzar la avenida Figueroa Alcorta y entrar en el pequeño laberinto de calles curvas de Barrio Parque. El ruido disminuye, el empedrado obliga a caminar más despacio y, detrás de rejas, árboles y garitas diplomáticas, aparecen fachadas francesas, casas Tudor, volúmenes racionalistas y palacios construidos con piedras traídas de Europa.
No es una casualidad. Palermo Chico fue pensado para producir exactamente esa sensación.
El paisajista Carlos Thays proyectó Barrio Parque en 1912, sobre la base de una ordenanza municipal de diciembre de 1911 que impulsaba la creación de “barrios parques”. Su trazado abandonó deliberadamente la cuadrícula porteña y combinó calles rectas con curvas, plazas pequeñas, jardines privados, retiros y abundante arbolado. El propio Gobierno porteño reconoce a Thays como autor de la urbanización.
Casi un siglo después, la Ley 536 creó el Área de Protección Histórica 3 —APH 3 Grand Bourg y Palermo Chico— para preservar no solamente edificios aislados, sino también la escala, el paisaje y la relación entre las casas, sus jardines y el espacio público. La norma describe a Palermo Chico como un tejido de carácter “casi doméstico”, donde viviendas de diferentes estilos logran conservar una singular unidad formal. La ley y su descripción urbanística pueden consultarse aquí.
Una aclaración indispensable
El listado legal del APH 3 comprende 63 parcelas o conjuntos catalogados, pero no todos son casas. Incluye también una plaza, una iglesia, edificios de departamentos, el Palacio Alcorta y otras construcciones colectivas.
Por eso, hablar de “63 casas históricas” sería incorrecto. Esta investigación separa:
- Las antiguas viviendas unifamiliares.
- Las residencias transformadas en embajadas.
- Las casas cuya historia está documentada.
- Los edificios colectivos y bienes no residenciales que también integran el catálogo.
La protección puede ser integral, reservada para bienes excepcionales; estructural, cuando se protege principalmente la tipología y organización arquitectónica; o cautelar, para edificios que dan identidad y coherencia al conjunto. La explicación oficial de los niveles está disponible en la guía patrimonial de la Ciudad.
Casa Victoria Ocampo: la revolución blanca de Barrio Parque

Rufino de Elizalde 2831. Protección estructural y Monumento Histórico Nacional.
En 1928, Victoria Ocampo le encargó a Alejandro Bustillo una casa que debía resultar casi provocadora. Mientras Barrio Parque se llenaba de mansardas, columnas y fachadas francesas, ella quería planos blancos, volúmenes geométricos, luz natural y ninguna ornamentación innecesaria.

Bustillo, conocido precisamente por su clasicismo, ejecutó una de las primeras residencias modernas de Buenos Aires. La composición de cubos y superficies lisas despertó la resistencia de vecinos y funcionarios municipales, que consideraban que aquella casa “afeaba” el barrio.
El tiempo terminó favoreciendo a Victoria. Le Corbusier la conoció durante su visita a Buenos Aires en 1929 y reconoció el valor de aquella irrupción moderna.
En sus salones comenzó a tomar forma la revista Sur, fundada en 1931. Allí se reunieron Jorge Luis Borges, Eduardo Mallea, Oliverio Girondo, María Rosa Oliver, Norah Borges y otras figuras centrales de la cultura argentina.
Después de pasar por diferentes propietarios, la casa fue adquirida para el Fondo Nacional de las Artes. Su fachada, que había sufrido alteraciones, fue restaurada utilizando los planos originales de Bustillo. En 2005 abrió como espacio cultural y en 2022 fue declarada Monumento Histórico Nacional. La historia oficial está documentada por el Estado nacional.
Mansión Tornquist: dos años de vida privada y casi un siglo de diplomacia
Rufino de Elizalde 2820, aunque la ley conserva numeraciones anteriores. Protección estructural. Actual residencia de Bélgica.
Apenas separada de la casa moderna de Victoria Ocampo, la Mansión Tornquist representa su completo opuesto.
El empresario Carlos Alfredo Tornquist encargó la residencia a Alejandro Bustillo en 1928. El arquitecto proyectó una composición rigurosamente simétrica, inspirada en el clasicismo francés, con un cuerpo central jerarquizado, mansardas, escalinatas, salones ceremoniales y un ascensor que constituía un lujo poco frecuente en una vivienda.
La obra se terminó en 1930. La familia Tornquist solamente la habitó durante dos años: en 1932 fue adquirida por el Gobierno de Bélgica, favorecido por los vínculos comerciales y financieros que unían a Tornquist con ese país.
Desde entonces funciona como residencia diplomática. La continuidad de uso permitió conservar salones, escaleras, arañas, carpinterías y buena parte del carácter original. Una recorrida fotográfica e histórica documentó el interior de la residencia.
La esquina resume, quizá mejor que ninguna otra, las dos Buenos Aires de fines de los años veinte: de un lado, Bustillo ensayando la modernidad para Victoria Ocampo; del otro, perfeccionando la tradición francesa para Tornquist.
Palacio Lanús: una casa parisina en la calle Aguado

Alejandro María de Aguado 2870/74. Protección cautelar. Embajada de Polonia.
El Palacio Lanús fue levantado en 1912, cuando las primeras residencias comenzaban a ocupar el nuevo barrio diseñado por Thays.
La historia publicada por el Gobierno de Polonia señala que el proyecto nació de planos del francés René Sergent, adaptados y dirigidos localmente por Eduardo María Lanús y Pablo Hary. Lanús vivió allí con su esposa y sus dos hijos. Después, la propiedad funcionó como hotel hasta que fue comprada por el Ministerio de Relaciones Exteriores polaco.
Desde 1958 es la casa de la diplomacia de Polonia en la Argentina.
Su arquitectura combina academicismo francés, eclecticismo y una cuidada adaptación a la esquina. En 1915 recibió un premio municipal por su fachada, distinción que todavía recuerda una placa colocada sobre el frente. La Embajada de Polonia publicó una historia detallada del palacio.
Palacio Acevedo: un rompecabezas de piedra traído desde Francia
Avenida del Libertador 2119/2141. Protección estructural. Residencia del embajador de Arabia Saudita.
En 1928, el arquitecto Juan Manuel Acevedo y su esposa, Inés Mercedes de Anchorena, decidieron construir su propia residencia. El proyecto fue realizado por Acevedo junto con Alejandro Becú y Pablo Moreno.
La casa recreó el modelo del hôtel particulier parisino: un palacio urbano organizado entre el acceso ceremonial y el jardín. Pero su construcción tuvo una particularidad extraordinaria. Las fachadas fueron cortadas en piedra calcárea en Francia, numeradas y enviadas a Buenos Aires para ser ensambladas como un gigantesco rompecabezas.
También llegaron desde Europa chimeneas, pisos, boiseries y partes de un comedor gótico del siglo XV. El jardín fue encargado a Jean-Claude Nicolas Forestier, una de las grandes figuras del paisajismo francés.
Terminado en 1932, el palacio tiene alrededor de 2.000 metros cuadrados. Desde los años setenta está vinculado a la representación de Arabia Saudita. La historia y sus interiores fueron documentados por La Nación.
Residencia Dodero: una de las primeras casas del barrio
Avenida del Libertador 2075 y Mariscal Ramón Castilla. Protección estructural. Residencia de la Embajada de España.
La residencia fue proyectada hacia 1912 por el arquitecto alemán Karl Nordmann y posteriormente reformada por Fernando Aranda. Su composición neoclásica francesa, con basamento, pisos nobles y remate de mansardas, pertenece a la primera generación de casas levantadas en el nuevo Barrio Parque.
La vivienda estuvo relacionada inicialmente con la familia Salas y luego con los Dodero. Su implantación, rodeada por jardines y separada de las medianeras, encarna el modelo de “edificio exento” que la normativa patrimonial intenta conservar.
No debe confundirse con la sede principal de la Embajada de España en Figueroa Alcorta 3102: Libertador 2075 es la residencia diplomática.
Residencia Fortabat: del academicismo a la diplomacia coreana
Avenida del Libertador 2395, esquina San Martín de Tours. Protección estructural. Embajada de Corea del Sur.
La antigua Residencia Fortabat es atribuida al arquitecto Roberto Peña y fechada en 1924. Su fachada academicista, sus mansardas y su acceso jerarquizado la acercan al repertorio de los grandes hoteles particulares de comienzos del siglo XX.
La propiedad estuvo vinculada a la familia Fortabat y llegó a funcionar como sede de actividades de la fundación creada por Amalia Lacroze de Fortabat. En 1988, por ejemplo, fue escenario de uno de sus premios de pintura.
Actualmente alberga la Embajada de la República de Corea. La documentación oficial porteña confirma su protección estructural y su uso diplomático, aunque la historia de su comitente y las transformaciones interiores todavía merece una investigación archivística específica.
Casa Martínez de Hoz: la huella centroeuropea de Johannes Kronfuss
Alejandro María de Aguado 2881. Protección cautelar.
Esta residencia fue proyectada por Johannes —o Juan— Kronfuss para Miguel Alfredo Martínez de Hoz y Carola Cárcano.
Kronfuss, nacido en Budapest y formado en Europa central, llegó a la Argentina en las primeras décadas del siglo XX. Fue arquitecto, docente, investigador y un gran estudioso de la arquitectura colonial argentina.
Su casa de Aguado 2881 constituye una rareza dentro del predominio francés de Barrio Parque: introduce una sensibilidad germánica y centroeuropea, con cubiertas pronunciadas, composición pintoresquista y una expresividad material diferente. La autoría está registrada por Moderna Buenos Aires, programa del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo.
Algunas reseñas la relacionan posteriormente con representaciones de Turquía, pero las fichas oficiales identifican a la misión turca en Aguado 2894. Conviene no confundir ambos inmuebles.
La casona del doctor Carlos Acevedo
Alejandro María de Aguado 2890. Protección estructural.
La casa aparece en el recuerdo cultural porteño por una razón inesperada: en 1989 fue sede de Casa FOA.
La exposición reunió allí a decenas de diseñadores y decoradores. Fue una de las últimas ediciones de Casa FOA desarrolladas en una gran residencia privada antes de que la muestra comenzara a ocupar fábricas, depósitos, docks y conjuntos industriales.
Las crónicas la identifican como la casona del doctor Carlos Acevedo. Sin embargo, el Atlas patrimonial no informa quién fue su arquitecto ni la fecha exacta de construcción. La participación de la casa en Casa FOA está documentada en su historia institucional.
Casa Ocampo: una residencia de 1929 recuperada
Avenida Ortiz de Ocampo 2839. Protección estructural.
Conocida en antiguos repertorios como Residencia Alvear, esta casa integra uno de los grupos estructurales más valiosos de Ortiz de Ocampo.
Después de distintas transformaciones y usos —incluidos museo, galería y actividades culturales— fue restaurada y refuncionalizada como Casa Ocampo. Sus responsables atribuyen el proyecto original, de 1929, al estudio Acevedo, Becú y Moreno. Conserva la envolvente señorial y adapta los espacios interiores a celebraciones y acontecimientos contemporáneos. La historia de la recuperación puede consultarse en la página de la casa.
Residencia de Portugal y casa de Grecia
Ortiz de Ocampo 2829 y 2855. Protección estructural.
La casa de Ortiz de Ocampo 2829, fechada en 1921 por los repertorios arquitectónicos del barrio, fue transformada en sede de la representación portuguesa. Su valor reside tanto en la fachada como en la continuidad de la tipología residencial.
A pocos metros, Ortiz de Ocampo 2855 es otra residencia estructuralmente protegida, asociada a la representación de Grecia y fechada alrededor de 1950. Es una obra más tardía y sobria, testimonio de cómo el lenguaje clásico del barrio continuó utilizándose aun cuando Buenos Aires ya había adoptado plenamente la arquitectura moderna.
En ambas casas, el catálogo oficial protege los edificios, pero no publica los nombres de sus comitentes o proyectistas. Atribuirlos sin documentación sería convertir una investigación en una colección de rumores.
Casa Soulas: un clasicismo de inspiración anglosajona
Ortiz de Ocampo 2864/68. Protección estructural.
Fue construida hacia 1938-1939 para Santiago Soulas por el estudio Acevedo, Becú y Moreno, con intervención del ingeniero Adolfo Guerrico.
A diferencia del academicismo francés más ceremonial, la casa incorporó referencias anglosajonas y una escala residencial más contenida. Fotografías publicadas en la Revista de Arquitectura en 1939 permiten reconocer la composición original y constituyen una fuente especialmente valiosa para futuras restauraciones.
El inmueble forma pareja urbana con otra obra protegida del mismo estudio ubicada en Zenteno 3131.
Casa Cárcano: la elegancia silenciosa de Zenteno
Zenteno 3131 y Ortiz de Ocampo 2844. Protección estructural.
Esta residencia fue proyectada por Juan Manuel Acevedo, Alejandro Becú y Pablo Moreno hacia fines de los años treinta. Estuvo vinculada a Miguel Cárcano y Stella Morra de Cárcano.
Su importancia no reside en una profusión ornamental, sino en la precisión de sus proporciones, los volúmenes escalonados y la transición entre el jardín y la vivienda. Representa la etapa en la cual el estudio comenzó a depurar el academicismo, reduciendo la ornamentación y acercándose a una modernidad todavía apoyada en la simetría y el orden clásico.
Casa Schenström: un castillo escandinavo entre los árboles
Ombú 3002/06. Protección estructural. Residencia del embajador de Suiza.
Es una de las casas mejor investigadas de todo Barrio Parque.
Fue construida entre 1925 y 1926 para el ingeniero y empresario sueco Curt Schenström y su esposa Alicia Yáñez. Una placa en la fachada atribuye la obra a Rønnow y Bisgaard, aunque los investigadores todavía discuten si ambos actuaron como proyectistas o si uno fue arquitecto y el otro constructor.
La casa se desarrolla en dos plantas y buhardilla. En la planta baja separaba claramente las circulaciones familiares y de servicio; arriba tenía cuatro dormitorios y tres baños, uno de ellos equipado con ducha escocesa, una sofisticación excepcional para los años veinte.
Su gran distintivo es el volumen cilíndrico coronado por un chapitel de cobre, emparentado con castillos y arquitecturas del norte europeo. Desde 1952 pertenece al Gobierno suizo y conserva gran parte de su organización original. La investigación de Francisco Girelli, basada en planos de Obras Sanitarias, documentó minuciosamente su historia. Puede leerse en la publicación académica de SciELO.
Residencia Larivière: una casa que en realidad eran cuatro
Avenida Figueroa Alcorta 3102. Protección estructural. Embajada de España.
María Luisa Dose de Larivière, conocida familiarmente como Memita, regresó a Buenos Aires después de vivir entre París y Biarritz. Cerca de los setenta años decidió construir una residencia para ella y sus tres hijos.
Entre 1936 y 1939, el estudio Acevedo, Becú y Moreno levantó un edificio de cuatro pisos que exteriormente parecía un gran palacio familiar, pero funcionaba como una combinación de departamentos independientes, salones y áreas de servicio.
Cada integrante de la familia podía conservar su autonomía. Había cocinas, dormitorios y espacios privados duplicados, además de grandes salones donde se organizaban cenas, bailes y recepciones para cientos de personas.
Esa organización convierte al inmueble en un puente entre el palacio unifamiliar y la vivienda colectiva moderna. Hoy funciona como Embajada de España. La historia de Memita Larivière y su casa fue reconstruida con testimonios familiares.
Residencia Méndes Gonçalves: la casa-museo de Jorge Kálnay

Avenida Figueroa Alcorta 3316/20. Protección estructural. Residencia del embajador de Uruguay.
En 1937, el coleccionista Carlos Méndes Gonçalves le encargó a Jorge Kálnay una vivienda capaz de convivir con muebles y obras de diferentes épocas.
Kálnay respondió con una casa-museo moderna, compuesta por pabellones articulados, fachadas curvas y revestimientos de piedra. El edificio no renunció por completo a la tradición, pero la reinterpretó mediante una organización funcional y una volumetría cercana al racionalismo.
Actualmente es la residencia del embajador de Uruguay. Moderna Buenos Aires la considera una obra especialmente representativa de la integración entre racionalismo y tradición.
Las casas diplomáticas de Figueroa Alcorta
La avenida funciona como una vidriera de la transformación de las antiguas residencias privadas en arquitectura diplomática.
Figueroa Alcorta 3240, protegida cautelarmente, fue construida hacia 1931 y atribuida al estudio Acevedo, Becú y Moreno. Hoy alberga a la Embajada de Eslovaquia.
Figueroa Alcorta 3297, también cautelar, es la actual Embajada de Haití. Guías del barrio la fechan entre 1924 y 1930 y la vinculan alternativamente con las familias Tezanos Pinto y Canale. La ausencia de una ficha histórica pública concluyente obliga a presentar esas denominaciones como atribuciones y no como certezas.
Figueroa Alcorta 3244/56 y 3260/66 integran el frente residencial protegido de la avenida, aunque los documentos públicos solamente consignan domicilio y nivel cautelar.
La Embajada de Grecia y la casa de Obarrio
Mariscal Ramón Castilla 2952. Protección cautelar.
La residencia de Castilla 2952, fechada alrededor de 1930, está vinculada históricamente con la representación de Grecia. Su fachada sobria y su relación con el jardín justifican una protección orientada a mantener la imagen del conjunto.
Manuel Obarrio 2931 y Castilla 2928. Protección estructural.
El inmueble de esquina —normalizado en el Atlas como Castilla 2906— aparece fechado hacia 1928. Conserva la escala de una gran residencia aislada, con jardín y cubierta inclinada. No se ha localizado una fuente pública sólida que identifique a su primer propietario o arquitecto.
Esa ausencia también cuenta una historia: una parte importante del patrimonio porteño está legalmente protegida, pero continúa sin una biografía edilicia pública y accesible.
Palacio Anchorena: de residencia familiar a Museo Metropolitano
Castex 3211/25. Protección estructural.
Fue encargado por la familia Mesquita Luro a los arquitectos A. y C. Dumas y terminado hacia 1928.
En 1937 pasó a manos de Leonor Uriburu de Anchorena. Décadas después fue cedido para actividades culturales y desde 1986 funcionó como Museo Metropolitano de Buenos Aires.
Su fachada académica, el acceso ceremonial y los amplios salones expresan la última etapa de los grandes palacios familiares porteños. Aunque su uso cultural cambió con los años, el edificio continúa siendo una de las piezas estructurales del APH 3.
Castex 3296: una casa tardía dentro del barrio histórico
Castex 3296 y San Martín de Tours. Protección cautelar.
Esta vivienda fue construida alrededor de 1950 y atribuida a los ingenieros Barberis y Bence.
Su fecha es importante: demuestra que la identidad de Palermo Chico no fue producto exclusivo de la Belle Époque. Durante las décadas de 1940 y 1950 se continuaron construyendo casas que respetaban retiros, jardines, alturas y materiales del conjunto, aunque adoptaran una expresión más austera.
Casa Redonda: el pequeño Barolo que volvió a vivir
Eduardo Costa 3083 y Ortiz de Ocampo 2901. Protección estructural.

La Casa Redonda es la gran anomalía de Barrio Parque.
Fue diseñada por Mario Palanti —con Marcos Algier mencionado como colaborador en varios registros— para Eduardo Resta, empresario relacionado con la representación local de Chrysler. La documentación más consistente la fecha en 1922, aunque algunas guías consignan años posteriores.

Su torre mirador, sus curvas, motivos orientales, remates fantásticos y referencias simbólicas la emparentan con el Palacio Barolo. Palanti no buscó una sobria residencia diplomática: construyó una escenografía urbana.
La casa estuvo vinculada a Resta Hermanos, pasó luego al entorno de Julio Fevre y durante un período funcionó como representación de Irán. En su interior sobrevivieron una puerta blindada, un pasadizo, pisos de roble, escaleras de madera y habitaciones de distribución laberíntica.
Después de años cerrada y de una etapa como galería, reabrió el 3 de noviembre de 2025 como restaurante Casa Palanti. La intervención conservó la distribución de los salones, las arcadas, el mirador y buena parte de las carpinterías. La reapertura permitió documentar por primera vez numerosos ambientes interiores.
Es un caso ejemplar del dilema contemporáneo: cómo dar uso económico a una residencia protegida sin borrar aquello que la vuelve irrepetible.
Las casas sin nombre también cuentan
No todas las viviendas protegidas tuvieron propietarios célebres. En numerosos casos, el Atlas oficial solamente informa la dirección, la parcela y el nivel de protección.
Entre ellas aparecen las casas de Rufino de Elizalde 2821 y 2848; Aguado 2847, 2857 y 2865; Ortiz de Ocampo 2828, 2832, 2857, 2871 y 2884; Zenteno 3160; San Martín de Tours 2939; Castex 3117, 3174, 3182, 3212, 3218 y 3228, además del conjunto residencial de Coronel Díaz 2856, 2870, 2880, 2882, 2884, 2894 y 2895.
Su protección no depende de que una celebridad haya dormido allí. Esas construcciones conservan alineaciones, retiros, alturas, materiales y secuencias urbanas fundamentales para que el barrio continúe siendo reconocible.
El inventario legal completo del APH 3
La siguiente es la nómina agrupada de los 63 registros catalogados. La numeración legal no siempre coincide con la puerta utilizada actualmente o con la normalización del Atlas.
- Rufino de Elizalde: 2831 (E); 2821 (E); 2840/2820, Mansión Tornquist (E); 2846/52 —normalizado 2848— (C).
- Avenida del Libertador: 2141/2119, Palacio Acevedo (E); 2115/17 (E); 2075 y Castilla 2720 (E); Coronel Díaz 2823/09 y Libertador 2291/95 (C); 2395/87 y San Martín de Tours 2857/15 (E).
- Alejandro María de Aguado: 2870/74 (C); 2890 (E); 2896/94 (C); 2851/53 (C); 2861 (C); 2865/67 (C); 2881 (C); 2887/89 (C); 2857 (C); 2847 (C); 2885 y Figueroa Alcorta 3244/56 (C).
- Ortiz de Ocampo: 2855 (E); 2839/51 (E); 2837/29 (E); 2871/61 (E); 2832/40 (C); parcela consignada originalmente sin número, hoy normalizada como 2828 (C); 2864/68 (E); 2884/86 (C); Zenteno 3131 y Ocampo 2844 (E); Eduardo Costa 3083 y Ocampo 2901, Casa Redonda (E).
- Figueroa Alcorta: 3240 (C); 3196 —vivienda colectiva, con anotación histórica atípica en el listado—; 3102/90 (E); 3244/56 (C); 3266/60 (C); 3024 —normalizado aproximadamente como 3020— (E); 3010 (C); 3350/80 y San Martín de Tours 2949/61, iglesia (C); 3316/20 (E); 3351, Palacio Alcorta (C); Eduardo Costa 3082 y Figueroa Alcorta 3297 (C).
- Coronel Díaz: 2856/60, 2870, 2880, 2882, 2884, 2894 y 2893/95 (todos C).
- Castex: 3296 y San Martín de Tours 2893 (C); 3218 (C); 3228 (C); 3212 (C); 3182 (C); 3174 (C); 3117 (C); 3123, vivienda colectiva (C); 3211/25, ex Museo Metropolitano (E).
- Manuel Obarrio y Castilla: Obarrio 2931 y Castilla 2928 (E); Castilla 2952 (C); Obarrio 2910/36/40 (C).
- Otros bienes: Plaza Grand Bourg (I); Zenteno 3160 (C); San Martín de Tours 2939 (C); Ombú 3002/06, Casa Schenström (E).
La lista histórica oficial puede cotejarse en la Sección de Protección Patrimonial de Planeamiento Urbano y en el Atlas de Edificios Catalogados de la Ciudad.
Un barrio protegido, pero no congelado
La protección patrimonial no convierte a Palermo Chico en un museo detenido en 1930. Las casas pueden cambiar de uso, restaurarse y adaptarse, pero cualquier intervención debe respetar el nivel de catalogación y pasar por los organismos competentes.
La Casa Victoria Ocampo se transformó en espacio cultural. La Residencia Larivière, en embajada. El Palacio Anchorena, en museo. La Casa Redonda, en restaurante. La casa de Ortiz de Ocampo 2839 recuperó actividad después de años de usos cambiantes.
El verdadero desafío no consiste en impedir toda transformación. Consiste en evitar que la transformación borre la memoria del edificio.
Porque Palermo Chico no es solamente un barrio de propiedades costosas y embajadas detrás de rejas. Es un catálogo construido de la sociedad porteña del siglo XX: la ambición cosmopolita de sus familias, el desembarco de la modernidad, la diplomacia que ocupó los antiguos palacios y la permanente tensión entre el valor inmobiliario y el valor cultural.
¿Buenos Aires podrá conservar esas casas cuando mantenerlas sea cada vez más costoso? ¿Los nuevos usos conseguirán darles vida sin convertirlas en simples decorados? ¿Y cuántas historias siguen todavía escondidas detrás de las fachadas catalogadas que el archivo oficial apenas identifica con una dirección y una letra?
Las respuestas están, literalmente, detrás de los muros de Palermo Chico.