En pleno corazón de Palermo, entre senderos arbolados, especies vegetales de los cinco continentes y el pulso incesante de la avenida Santa Fe, se levanta una construcción que parece escapada de otro tiempo. La Casona del Jardín Botánico, de fachada de ladrillo visto y pequeños torreones en sus cuatro esquinas, cumple 145 años y atraviesa una restauración integral para recuperar su esplendor y abrirse más al público.
El edificio fue construido en 1881, casi dos décadas antes de que el Jardín Botánico Carlos Thays abriera oficialmente sus puertas, el 7 de septiembre de 1898. Su aspecto de castillo inglés no es una fantasía: fue proyectado por el ingeniero militar polaco Jordan Wysocki, convocado durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento para pensar grandes espacios urbanos para Buenos Aires.
Antes de quedar ligada al Botánico, la casona tuvo una vida intensa. Hasta 1894 funcionó como sede del Departamento Nacional de Agricultura y, durante los dos años siguientes, alojó al Museo Histórico Nacional. Más tarde pasó a ser sede de la Dirección de Paseos de la Municipalidad, momento en que quedó definitivamente asociada a Carlos Thays, el paisajista francés que transformó para siempre la identidad verde de Buenos Aires.
Thays trabajó allí mientras dirigía los espacios verdes porteños y proyectaba parques, plazas y paseos que todavía definen la fisonomía de la Ciudad. Durante años circuló la versión de que habría vivido en la casona junto a su familia, aunque no existen registros oficiales que lo confirmen. Lo indiscutible es que el edificio fue una pieza central de su obra y de la administración de una Buenos Aires que empezaba a pensarse como gran capital moderna.
La restauración, iniciada en enero, abarca la planta baja, la planta alta, la azotea y las fachadas. Se recuperarán los ladrillos, las carpinterías originales y la histórica escalera interior. También se instalará un ascensor para garantizar accesibilidad, se adecuarán los baños, se renovará la iluminación y se incorporará nuevo mobiliario.
El proyecto prevé, además, reorganizar los usos internos y sumar espacios comunes abiertos, junto con un área destinada a café. La idea es que la casona deje de ser solamente la sede administrativa del Jardín Botánico y pueda convertirse en un lugar de encuentro, permanencia y disfrute para quienes recorren Palermo.
En paralelo, la Ciudad readecuó el sendero principal del Botánico. El antiguo camino de granza fue reemplazado por una superficie continua, estable y segura, apta para personas con movilidad reducida. Una mejora necesaria: el patrimonio no sirve si queda bello pero inaccesible, como una postal detrás de una vitrina.
La puesta en valor se suma a la restauración de veinte esculturas del Jardín Botánico realizada por el taller Monumentos y Obras de Arte. Entre ellas figuran La Venus, La Bañista, La Loba Romana, El canto de la cosechadora, bustos de San Martín y Perito Moreno, además de La Flora, La Amazona, Pureza, Sagunto y Despertar de la Naturaleza.
El Jardín Botánico no es sólo un paseo ni un pulmón verde de Palermo. Es un archivo vivo de la Ciudad: conserva especies, esculturas, arquitectura y una idea de Buenos Aires que todavía merece ser cuidada. Recuperar la casona es devolverle presencia a una pieza esencial de esa memoria porteña.