La Casa Palanti: el renacer de la joya redonda de Palermo Chico
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La mansión art nouveau que soñó Mario Palanti reabre sus puertas como restaurante, uniendo historia, patrimonio y gastronomía en una esquina que vuelve a brillar.
Fue en 1922 cuando el arquitecto italiano Mario Palanti concibió una de las construcciones más singulares de Buenos Aires. Entre vitrales, curvas y símbolos esotéricos, levantó una mansión que los vecinos bautizaron con justicia como La Casa Redonda. Hoy, más de un siglo después, aquel edificio de ensueño renace como Casa Palanti, un restaurante que promete recuperar la elegancia perdida del Barrio Parque.
La apertura, prevista para el 3 de noviembre, marca un hito arquitectónico y gastronómico: por primera vez, el público podrá ingresar a una residencia hasta ahora envuelta en misterio, donde cada moldura cuenta una historia y cada escalón guarda el eco de los años dorados de la Belle Époque porteña.
Una historia de elegancia y obsesión
La historia comenzó cuando la familia Fevre, de origen italiano y representante de Chrysler en la Argentina, encargó a Palanti una residencia frente a su concesionaria. El arquitecto —que al mismo tiempo erigía el Palacio Barolo, el primer rascacielos de Sudamérica— concibió esta casa como su contrapunto íntimo: un templo doméstico del arte y la técnica.
El dueño pidió un capricho de su tiempo: un mirador para poder observar desde su hogar la pista de pruebas de autos que funcionaba en el techo del Palacio Alcorta. La torre, visible entre los jacarandás de Figueroa Alcorta, aún conserva la veleta original y las barandas de mampostería que resisten el paso de las décadas.
Pero Palanti, fiel a su estilo, no solo construyó una casa: erigió un símbolo. Inspirado por la Divina Comedia, llenó el edificio de relieves que evocan a Dante y Beatrice, combinando la arquitectura medieval italiana con un aire oriental que anticipa su obra mayor.
De embajada a embuste: la leyenda de la Casa Redonda
A lo largo del siglo XX, la casona pasó por distintas manos y destinos. En los años cuarenta fue residencia familiar. En los setenta, sede de la Embajada de Irán, cuando aún gobernaba el Sha. Por entonces se instaló un búnker subterráneo, con placas metálicas, pasadizo de escape y una puerta blindada que hoy sobrevive como testimonio de una época convulsa.
Los vecinos, sin embargo, siempre le atribuyeron algo más: el rumor de un fantasma. Se dice que el chofer de los primeros propietarios murió en un accidente dentro de la vivienda y que su espíritu se quedó allí, encendiendo luces y moviendo cuadros. Mito o no, la Casa Redonda siempre pareció tener vida propia.
Con los años fue cerrada y restaurada, convertida brevemente en galería de arte y showroom de muebles de lujo. Su condición patrimonial la salvó de la demolición, y su estructura, protegida por la Ley 3056, quedó intacta.
El renacer: cuando la historia se sirve a la mesa
En 2025, tras años de silencio, la mansión vuelve a respirar. Casa Palanti se presenta como un restaurante de alta cocina donde la memoria y el sabor se entrelazan.
Nada se tocó en su estructura: los pisos originales, los vitrales de colores, las boiseries de madera y las lámparas art nouveau siguen en su sitio, restauradas con paciencia. La ambientación fue diseñada por Eme Carranza, quien logró mantener el espíritu histórico sin renunciar a la modernidad.
El proyecto gastronómico está a cargo del chef Juan Ventureyra, conocido por su cocina natural, de temporada y con identidad porteña. Su carta es breve pero contundente:
- Platos vegetales de estación, con protagonismo de los productos locales.
- Milanesa con huevo a baja temperatura, ya candidateada a clásico de la casa.
- Carnes y pastas tradicionales reinterpretadas.
- Papas fritas de autor, finamente cortadas, intercaladas con manteca, horneadas, enfriadas y fritas al día siguiente: una técnica que promete convertirse en obsesión.
- Helados artesanales, entre ellos uno de chocolate 54 % con olivas negras, mezcla sutil de dulzura y audacia.
El restaurante planea funcionar todo el día, desde el desayuno hasta la cena, aunque su inauguración será por etapas. Las reservas se habilitan el mismo 3 de noviembre.
Un patrimonio que se vuelve experiencia
Más allá del menú, Casa Palanti busca ofrecer una experiencia sensorial completa. En sus salones conviven la intimidad de los antiguos dormitorios con la calidez de los vitrales filtrando la luz del mediodía. La escalera principal, en madera tallada, guía a los comensales hacia el piso superior, donde los techos curvos crean una acústica envolvente.
En los baños —pequeñas joyas artísticas—, sobreviven los antiguos sistemas eléctricos calefaccionados, curiosidad que sorprende hasta a los más habitués del diseño.
Cada detalle ha sido pensado para contar una historia sin pronunciar palabra: el mármol, las rejas, las molduras. Todo remite a una Buenos Aires que todavía creía en el porvenir, donde los arquitectos construían con alma y los sueños se materializaban en piedra.
Preguntas que quedan abiertas
¿Debe abrirse un espacio patrimonial al público bajo formato gastronómico?
¿O debe preservarse como testimonio inerte de otra época?
La Casa Palanti se atreve a responder con hechos: vivirla es la mejor forma de conservarla. Revalorizar su arquitectura a través de la experiencia es devolverle la vida que el tiempo quiso arrebatarle.
Como escribió alguna vez el filósofo Walter Benjamin, “no hay documento de cultura que no lo sea también de barbarie”. En esta casa, el lujo y la memoria se enfrentan, pero ambos encuentran su tregua en el sabor.
Dirección y datos útiles
Casa Palanti – Restaurante
Ortiz de Ocampo y Eduardo Costa, Palermo Chico, CABA.
Apertura: 3 de noviembre de 2025.
Funcionamiento: todo el día, con apertura por etapas.
Reservas: disponibles desde el mismo día de inauguración.
Fuentes
- Clarín – La Casa Redonda
- La Nación – La Casa Redonda
- Palermo Online – La Casa Redonda
- Instagram – @emecarranza
- Instagram – @juanventureyra




























