Edificio Residencial en Casares y Gelly
Hormigas que avanza por veredas, jardines y viviendas del barrio
Con la llegada del calor y el aumento de la humedad, las hormigas recuperan actividad y forman extensas filas sobre veredas, canteros y paredes. Algunas especies pueden perjudicar plantas, levantar baldosas e instalar sus colonias dentro de las viviendas. Cómo actuar sin convertir el remedio en otro problema.
Son pequeñas, organizadas y extraordinariamente persistentes. Las hormigas negras volvieron a hacerse visibles en distintas veredas, patios, jardines y viviendas del barrio. Caminan en fila por las paredes, entran por grietas casi imperceptibles y aparecen alrededor de los árboles, debajo de las baldosas o cerca de los restos de comida. Cuando una encuentra alimento, deja un rastro químico que orienta al resto de la colonia. En pocas horas, una exploradora solitaria puede transformarse en una auténtica autopista de insectos.
Un ejemplar de color oscuro desplazándose sobre una superficie de cemento. Sin una observación especializada no es posible identificar la especie con certeza: bajo el nombre popular de “hormiga negra” se agrupan diferentes hormigas urbanas y cortadoras. Algunas buscan sustancias azucaradas y restos de alimentos; otras cortan hojas para cultivar el hongo del cual se alimenta la colonia.
Un problema que también está debajo de la vereda
La hormiga visible representa apenas una pequeña parte de la organización subterránea. El verdadero hormiguero puede encontrarse a varios metros del lugar en el que aparecen las obreras, con cámaras, galerías, larvas, reservas y una o más reinas. Por eso, matar únicamente a los ejemplares que caminan por la superficie suele producir un alivio pasajero, pero rara vez resuelve el problema.
En las veredas porteñas pueden aprovechar juntas abiertas, canteros secos, grietas, cámaras de servicios y espacios debajo de las baldosas. La tierra removida por la colonia puede contribuir al aflojamiento de piezas que ya estaban deterioradas, aunque no todo hundimiento debe atribuirse automáticamente a las hormigas: también pueden intervenir pérdidas de agua, raíces, fallas del contrapiso o falta de mantenimiento.
En jardines y canteros, las hormigas cortadoras de los géneros Atta y Acromyrmex pueden provocar daños importantes. No se comen directamente las hojas que transportan: las utilizan para alimentar un hongo cultivado dentro del nido. Según documentación técnica del INTA, estas hormigas sociales pueden comportarse como plagas herbívoras en ámbitos agrícolas, forestales y urbanos. Una colonia activa puede deshojar plantas jóvenes y afectar brotes, flores, árboles pequeños y huertas.
¿Son peligrosas para las personas?
Las hormigas negras que habitualmente se observan en jardines y veredas no representan, en general, una emergencia sanitaria. Sin embargo, pueden morder o liberar sustancias defensivas cuando son manipuladas o cuando el hormiguero es perturbado. En personas sensibles, el contacto puede producir dolor, ardor, enrojecimiento o una reacción alérgica.
El riesgo urbano más frecuente es la contaminación de alimentos. Si las hormigas circulan por residuos, desagües o superficies sucias y después llegan hasta una cocina, pueden transportar microorganismos mecánicamente. Por eso conviene guardar azúcar, panificados, alimentos para mascotas y productos abiertos en recipientes cerrados, limpiar las superficies y evitar que queden platos con comida durante la noche.
Una picadura o mordedura con dolor intenso, hinchazón generalizada, dificultad para respirar, mareos o inflamación de la cara requiere atención médica urgente. No es la situación habitual, pero tampoco corresponde minimizar una reacción alérgica.
Por qué aparecen tantas juntas
La actividad suele aumentar durante los meses cálidos y húmedos. Después de una lluvia, el agua puede inundar galerías y obligar a las obreras a salir o trasladar parte de la colonia. También pueden observarse hormigas aladas: son individuos reproductores que abandonan el nido para aparearse y formar nuevas colonias. Su aparición repentina no significa que todos los ejemplares sean una especie distinta.
La acumulación de residuos, los recipientes con alimento para animales, los árboles sin mantenimiento, las plantas con pulgones y las grietas en pisos o paredes favorecen su presencia. Los pulgones producen una sustancia azucarada que algunas hormigas aprovechan y protegen como fuente de alimento. Por eso, en ciertos casos, el problema no se resuelve atacando solamente el hormiguero: también debe revisarse el estado sanitario de la planta.
Qué pueden hacer los vecinos
El primer paso consiste en seguir cuidadosamente el recorrido para descubrir por dónde entran y, si fuera posible, dónde se encuentra el nido. Conviene observarlas durante varios momentos del día, porque algunas especies trabajan principalmente por la noche. Después se deben retirar las fuentes de alimento, limpiar los recorridos con agua y detergente, mantener secos los sectores húmedos y sellar las grietas una vez controlada la actividad.
En plantas y huertas, especialistas del INTA aconsejan trabajar con un manejo combinado, incorporando diversidad vegetal y especies aromáticas, además de vigilar periódicamente los canteros. La prevención resulta más eficaz cuando se detectan los primeros caminos y cortes de hojas, antes de que la colonia se encuentre plenamente desarrollada.
Los cebos hormiguicidas funcionan de manera diferente a un aerosol: las obreras transportan el producto hasta el interior de la colonia. Deben ser productos autorizados, adecuados para la especie y utilizados exactamente según las indicaciones del fabricante. No deben colocarse donde puedan alcanzarlos niños, animales domésticos o aves.
Lo que no hay que hacer
No es recomendable mezclar insecticidas, lavandina, combustibles, ácidos, cal viva ni otros productos caseros. Tampoco se debe prender fuego dentro del hormiguero ni introducir líquidos inflamables. Estas prácticas pueden causar intoxicaciones, quemaduras, incendios y contaminación del suelo sin eliminar la reina ni las cámaras profundas.
El uso indiscriminado de aerosoles también puede dispersar a ciertos hormigueros, obligar a los insectos a buscar nuevas entradas o eliminar únicamente a las obreras expuestas. Si la colonia está instalada dentro de paredes, tableros eléctricos, cámaras, cielorrasos o estructuras de madera, corresponde solicitar la evaluación de una empresa habilitada en control de plagas. En construcciones con madera deteriorada también debe descartarse la presencia de hormigas carpinteras, cuyo comportamiento y tratamiento son diferentes.
Cuando el hormiguero ocupa el espacio público
Si el foco se encuentra en un patio o jardín privado, el control corresponde al propietario o al consorcio. Cuando existe daño en una vereda, un cantero, una plaza o alrededor de un árbol público, el vecino puede registrar el problema mediante fotografías y efectuar un reclamo ante el Gobierno de la Ciudad a través del 147 o de sus canales digitales.
Es importante informar la ubicación exacta, describir si existen baldosas flojas, hundimientos o riesgo para peatones y aclarar si el nido parece vinculado con un árbol de alineación. La Ciudad dispone, además, de un trámite para denunciar daños en la vía pública relacionados con árboles y solicitar la evaluación correspondiente.
Las hormigas cumplen funciones ecológicas: airean el suelo, reciclan materia orgánica y forman parte de la alimentación de otras especies. El objetivo no debería ser exterminar indiscriminadamente cualquier hormiga, sino controlar las colonias que producen daños, invaden viviendas o generan riesgos en el espacio público. En la ciudad, como tantas veces ocurre, el equilibrio empieza por mirar el suelo: bajo una baldosa aparentemente tranquila puede funcionar una sociedad entera.