Mientras gran parte del arbolado porteño comienza a despojarse de sus hojas por la llegada del frío, una especie se roba todas las miradas y tiñe de amarillo intenso calles, plazas y parques de la Ciudad. Se trata del ginkgo biloba, un árbol milenario que durante junio ofrece uno de los espectáculos naturales más bellos del calendario urbano.
Con cerca de 750 ejemplares distribuidos en distintos barrios porteños, el ginkgo se convierte por estos días en un verdadero imán para fotógrafos, vecinos y turistas que buscan capturar la transición entre el otoño y el invierno.
Sus inconfundibles hojas en forma de abanico pasan del verde intenso a un amarillo brillante gracias a un proceso natural conocido como senescencia foliar. Cuando las temperaturas bajan, la clorofila comienza a degradarse y deja al descubierto los pigmentos dorados que caracterizan a la especie.
Entre los lugares más destacados para admirarlos se encuentra la calle Junín, junto al Cementerio de la Recoleta, donde una alineación de ejemplares forma uno de los corredores arbolados más fotografiados de la Ciudad. Otro punto imperdible es la avenida Jorge Newbery, frente al Cementerio de la Chacarita, donde las copas amarillas crean un paisaje de gran impacto visual.
También pueden encontrarse ejemplares en el Jardín Japonés, Plaza Sicilia, Plaza Holanda, Parque Paseo de las Américas y Plaza República de Chile. Este último espacio alberga un conjunto de ginkgos declarados árboles notables por la Ciudad debido a su importancia histórica y simbólica.
Originario de China, el ginkgo biloba es considerado un verdadero fósil viviente. Los especialistas estiman que existe desde hace más de 200 millones de años, mucho antes de la aparición de los seres humanos y de la extinción de los dinosaurios.
Su extraordinaria resistencia quedó demostrada tras la explosión de la bomba atómica en Hiroshima en 1945. Algunos ejemplares ubicados a menos de dos kilómetros del epicentro sobrevivieron y volvieron a brotar, convirtiéndose con el tiempo en símbolos de paz y esperanza para Japón.
Por su belleza, longevidad y singular historia, el ginkgo biloba ofrece durante pocas semanas un espectáculo natural único en Buenos Aires. Una invitación perfecta para caminar la Ciudad, recorrer sus parques y descubrir cómo el otoño se despide envuelto en oro.