El último informe del INDEC muestra un deterioro frente al cierre de 2023. La búsqueda de trabajo crece más rápido que el empleo y la informalidad agrava el panorama laboral.
La Argentina tiene aproximadamente 1.800.000 desocupados, según la proyección nacional publicada por Clarín a partir de la Encuesta Permanente de Hogares. La cifra corresponde al segundo trimestre de 2026 y debe distinguirse del universo de 31 aglomerados urbanos que releva el INDEC: representa una estimación extendida al país, no un conteo directo de cada localidad.
El dato oficial central es una tasa de desocupación del 7,9%, frente al 7,6% del mismo trimestre de 2025 y al 7,8% del primer trimestre de 2026. El registro iguala el del primer trimestre de 2025, el más alto de la gestión de Javier Milei. Aunque el último incremento trimestral es pequeño, el nivel sigue mostrando dificultades para absorber a quienes buscan una ocupación.
Un deterioro marcado frente al cierre de 2023
En el cuarto trimestre de 2023, cuando Milei asumió la Presidencia durante diciembre, la desocupación era del 5,7%. La diferencia con el último registro es de 2,2 puntos porcentuales: un aumento relativo cercano al 39% en la tasa. Ese cálculo describe la evolución del indicador; no significa que la cantidad de personas desocupadas haya aumentado automáticamente en idéntica proporción.
La comparación también requiere considerar que se trata de trimestres distintos, con posibles efectos estacionales. Aun así, el contraste muestra un mercado laboral más exigente que el del cierre de 2023. Para analizar el movimiento más reciente, la comparación con el mismo trimestre del año anterior permite observar una suba de 0,3 puntos porcentuales.
Por qué puede crecer el empleo y también el desempleo
Los últimos datos no describen una caída general de la cantidad de ocupados. La tasa de empleo pasó del 44,5% al 45% entre el segundo trimestre de 2025 y el mismo período de 2026. Sin embargo, la tasa de actividad aumentó del 48,1% al 48,9%: hubo una mayor participación de personas que trabajan o buscan trabajo, y el incremento del empleo no alcanzó para absorberlas.
Esta distinción es fundamental. La desocupación se calcula sobre la población económicamente activa, no sobre todos los habitantes. Una economía puede sumar ocupados y, al mismo tiempo, registrar más desempleo si la cantidad de personas que se incorpora a la búsqueda laboral aumenta con mayor rapidez.
Conseguir trabajo tampoco garantiza estabilidad
El problema se extiende a la calidad de las ocupaciones. Según el análisis de sobre los datos oficiales, la informalidad laboral pasó del 43,2% al 45% en un año. Esto obliga a mirar más allá de la división entre tener empleo y estar desocupado: las condiciones laborales también forman parte del balance económico.
Para una familia, conseguir ingresos sin estabilidad puede significar vivir pendiente de la próxima changa, de una renovación contractual o de una jornada adicional. La posibilidad de organizar gastos, sostener un alquiler y proyectar el futuro depende tanto del acceso al trabajo como de su continuidad y de la protección que ofrece.
El impacto que puede llegar a los barrios
En Palermo y en otros barrios porteños, el deterioro laboral puede transmitirse al comercio de cercanía. Cuando una familia pierde ingresos o teme perderlos, puede recortar salidas, postergar arreglos y reducir compras. Es un mecanismo económico posible, no una medición específica del desempleo en la Comuna 14: los datos citados no permiten establecer una tasa propia para Palermo.
Desde una perspectiva editorial, estos resultados plantean una exigencia concreta al Gobierno nacional: demostrar que su política económica puede generar empleo estable. La evaluación de una gestión también pasa por la posibilidad de que las personas encuentren trabajo y sostengan su vida cotidiana. Una mejora macroeconómica necesita llegar a ese terreno para convertirse en bienestar.