Noche de Birrerias
Si le hacés caso a las guías de turismo de las redes sociales, vas a terminar metido en un subsuelo con olor a encierro, pagando una fortuna por una hamburguesa fría y un trago con humo que sabe a jarabe. Por suerte, los que vivimos y pateamos el barrio sabemos que el Palermo de verdad, el que vale la pena, pasa por otro lado.
Me tomé el trabajo de salir a recorrer tres zonas clave como la plaza Serrano, la plaza Güemes y los arcos del Rosedal para dejarte la posta de dónde se come bien, dónde se toma en serio y qué lugares hay que esquivar porque son un clavo.
Arranquemos por el epicentro del ruido en la plaza Serrano. El error común acá es caer en los barcitos de las esquinas de Honduras, esos que tienen promotores en la vereda ofreciéndote ofertas dudosas; te meten un alcohol que parece nafta y te cobran hasta por respirar.
Si querés comer algo potente con las manos y sin protocolo, la fija es el local de Diggs, ubicado exactamente en Serrano 1580. Ahí te pedís unos hot dogs con salchichas caseras de cordero o unas ribs de cerdo con barbacoa que son un viaje de ida. Si la idea es tomar una buena artesanal, unos metros más allá, en Baum, que está en Serrano 1590, las canillas rotan siempre con la cerveza bien fría y el ambiente en la terraza te permite ver toda la fauna de la plaza sin sufrir la atención lenta de otros lados.
Si cruzás la avenida Scalabrini Ortiz hacia el lado de Medrano y Mansilla, el chip del barrio cambia por completo y entrás en la zona de la plaza Güemes. Esto es Palermo Viejo, un sector mucho más residencial y tranquilo, ideal para bajar un cambio.
Si vas de día o a la tarde, la esquina obligada es Crisol, justo frente a la plaza en Güemes 3702, donde el café de especialidad está muy bien cuidado y los scons de queso salvan cualquier tarde de oficina o estudio. Ya cuando cae la noche, la movida se traslada a la esquina de Bulnes 1408, en el cruce con El Salvador, donde encontrás El Octavo. Este es un bodegón modernizado que mantiene la mística de almacén antiguo pero lleno de gente joven. Te sentás en la vereda a tomar un vermut o un Fernet bien armado mientras te clavás una milanesa gigante que sobresale del plato, disfrutando de una charla sin tener que gritar por encima de la música.
Para el final dejé el imán de las tardes de sol que se estiran hasta la madrugada, que es el Paseo de la Infanta abajo de los arcos del tren, en la zona del Rosedal.
Lo lindo de este polo es que estás al aire libre, rodeado de verde y con los trenes del San Martín pasándote por arriba de la cabeza, lo que le da un aire muy particular.
Si buscás un lugar estético para almorzar o meter un brunch completo en un patio lleno de plantas, Tomate es por lejos de lo mejor del complejo, ubicado en Avenida Infanta Isabel 555. Si vas con ganas de algo más movido para tomar unos tragos y terminar bailando al lado de la mesa, La Mala Pub, en los arcos 3 y 4 de Avenida del Libertador 3883, es el lugar donde se junta toda la movida nocturna de la zona. El único consejo de salud mental para este sector es que vayas en transporte o caminando; intentar estacionar ahí un viernes a la noche te puede arruinar la salida antes de empezar.