Volvió a poner al cine argentino en el centro del mundo
En una jornada que quedará marcada en la memoria cultural argentina, Buenos Aires volvió a colarse entre las grandes capitales artísticas del planeta. Este sábado 16 de mayo de 2026, el Festival de Cannes fue escenario de una doble celebración porteña: la proyección restaurada en 4K de La casa del ángel, obra maestra de Leopoldo Torre Nilsson, y el estreno internacional de Cyrano en mi cabeza, documental nacido en el Teatro San Martín y protagonizado por Gabriel Goity.
No fue casualidad. Tampoco nostalgia. Fue una demostración concreta de que la Ciudad de Buenos Aires todavía conserva algo que muchas urbes del mundo perdieron entre algoritmos, especulación inmobiliaria y plataformas: identidad cultural.
El regreso de un clásico inmortal
En la prestigiosa sección Cannes Classics se presentó la restauración en 4K de La casa del ángel, basada en la novela de Beatriz Guido y considerada una de las películas más importantes de la historia del cine argentino.
La función tuvo un peso simbólico enorme. La película fue presentada personalmente por Thierry Frémaux, director general del Festival de Cannes, quien destacó el vínculo histórico entre Buenos Aires y el festival francés.
“Buenos Aires es muy importante para Cannes”, señaló Frémaux durante la presentación, en referencia a iniciativas como Ventana Sur y la Semana de Cannes en Buenos Aires. También elogió el trabajo de recuperación patrimonial impulsado por Argentina Sono Film y el apoyo institucional del gobierno porteño.
La restauración fue encabezada por Luis Alberto Scalella, presidente de Argentina Sono Film, quien remarcó el valor histórico de la obra de Torre Nilsson y la valentía narrativa de aquel cine argentino que, incluso en épocas conservadoras, se animaba a incomodar y cuestionar.
La exhibición tuvo lugar en la Sala Buñuel, dentro de una programación donde convivieron clásicos universales como El laberinto del fauno, Dos mujeres y El hombre de hierro. Que una película argentina comparta ese espacio no es un gesto protocolar: es reconocimiento internacional puro.
El Teatro San Martín llegó al corazón del mercado audiovisual mundial
Horas más tarde, en el Marché du Film, el mercado audiovisual más importante del planeta, se presentó Cyrano en mi cabeza, documental dirigido por Maxi Gutiérrez y nacido de uno de los fenómenos teatrales más importantes de los últimos años en Buenos Aires.
La película sigue el recorrido íntimo de Gabriel “Puma” Goity alrededor del personaje de Cyrano, un rol que atravesó décadas de deseo, frustraciones y obsesiones actorales. El documental une la histórica versión protagonizada por Ernesto Bianco en 1977 con la adaptación de 2023 dirigida por Willy Landin en el Teatro San Martín.
Esa puesta se convirtió en un verdadero fenómeno cultural: más de 200 mil espectadores, 250 funciones y giras nacionales que consolidaron al teatro público porteño como una de las grandes usinas culturales de América Latina.
Goity, además, terminó de coronar aquel éxito con el Estrella de Mar de Oro y el Martín Fierro de Oro 2025. Pero detrás de los premios aparece algo más profundo: la persistencia del teatro público como espacio de formación, riesgo artístico y construcción de identidad colectiva.
En tiempos donde muchos gobiernos del mundo consideran la cultura como un gasto decorativo, la presencia de una obra nacida del Complejo Teatral de Buenos Aires en Cannes funciona casi como una declaración política.
Buenos Aires busca consolidarse como capital audiovisual de América Latina
La participación argentina en Cannes no terminó en las proyecciones. Por primera vez en su historia, Buenos Aires cuenta con un pabellón propio dentro del Village International Riviera del Marché du Film.
Bajo el lema “Buenos Aires in Cannes – Presenting the city as the best place to shoot”, la Ciudad intenta posicionarse como un polo internacional para coproducciones, filmaciones y desarrollo audiovisual.
El espacio fue inaugurado por la ministra de Cultura porteña, Gabriela Ricardes, y busca atraer inversiones internacionales en un momento donde las industrias culturales atraviesan transformaciones profundas.
La apuesta tiene lógica. Buenos Aires conserva algo difícil de fabricar artificialmente: arquitectura diversa, identidad barrial, talento técnico, escuelas de cine, tradición teatral y una narrativa urbana que sigue fascinando al mundo.
Mientras muchas ciudades terminan pareciéndose entre sí como un shopping globalizado, Buenos Aires todavía tiene esquinas que cuentan historias.
Cannes, Torre Nilsson y el viejo fantasma porteño
Hay algo casi poético en que La casa del ángel vuelva a Cannes casi siete décadas después de haber revolucionado el cine argentino. Torre Nilsson filmaba una Buenos Aires cargada de silencios, culpas familiares, hipocresía burguesa y deseo reprimido. Y sin embargo, esa ciudad todavía respira debajo del cemento nuevo y los cafés temáticos.
El cine argentino, cuando funciona, tiene esa extraña capacidad de hablarle al mundo desde lo local. Sin copiar fórmulas. Sin disfrazarse de Hollywood. Sin pedir permiso.
Por eso Cannes mira a Buenos Aires. Porque entiende algo que acá a veces olvidamos: la cultura no es maquillaje institucional. Es memoria. Es industria. Es trabajo. Es identidad. Y también es poder blando.
En una época acelerada donde todo parece descartable, que una película de 1957 vuelva a emocionar en la Riviera Francesa tiene algo de revancha histórica. Como esos viejos cines de avenida Corrientes que resisten entre cadenas de hamburguesas y locales vacíos.
Buenos Aires volvió a aparecer en la gran pantalla mundial. Y por unas horas, Cannes habló porteño.