UN MODELO CLáSICO, CON JIRAFAS Y LEONES
Daniel Bonarda abre la puerta de la incubadora y saca con extremo cuidado un gigantesco huevo negro similar a una palta silvestre y madura. Con el brazo extendido a lo alto lo mira atentamente y me lo acerca para que lo observe. “Es de águila. «Ojalá nazca bien!â€, desea, satisfecho, y lo vuelve a guardar. El cuidador es parte de la casa: hace 25 años que trabaja en el lugar. Sus expertas manos ya acariciaron cientos de huevos, lomos de feroces bestias y demás alimañas que la naturaleza creó. Hijo de trabajadores del Zoo, está orgulloso de ser veterinario en la legendaria institución. “Lamentablemente la gente acá viene con el prejuicio de que cuidamos mal a los animalesâ€, dice mientras me conduce al hospital donde una gigantesca camilla de metal apta para fieras se impone en la inmaculada habitación.Después visitamos el Departamento de Investigaciones Bio-reproductivas, donde almacenan recursos genéticos, y los Centros de Conservación de Animales Autóctonos en Extinción. áreas que dan cuenta de que además de la típica postal de la jirafa con kilométrico cuello por sobre las rejas en este zoológico se trabaja también en programas científicos. “Nos gustaría poder seguir con todos estos programas. Yo mismo liberó 6 cóndores en Río Negroâ€, explica, aludiendo a uno de los proyectos más exitosos, el del Cóndor Andino, la imponente ave cordillerana en extinción que sólo cría un pichón cada tres años.
“Para los niños el mayor encanto de este jardín radica en que les permite ver a los animales en vivo y en directoâ€, asegura Claudio Bertonatti, el director de la anterior y la actual concesión, dispuesto a resistir los embates de las organizaciones que están en contra del cautiverio. “Por eso queremos mostrar las especies bandera: grandes felinos como el tigre, el león y las panteras, los elefantes, los hipopótamos, las jirafas, los cárvidos, los grandes ungulados, las avestruces, los guacamayos, los pavos reales, los cocodrilos exóticos, los aligátores y las grandes serpientes como las temidas pitones y anacondas. Los más importantes zoológicos del mundo, como el de Berlín, no renuncian a la fauna carismática por el poder de convocatoria que tienenâ€, asegura.
El hecho de que los chicos se acerquen a ver a los animales que están en los libros y las películas de la selva es una oportunidad para educarlos, también, respecto de temas como el tráfico ilegal de especies. En una gigantesca pajarera con coloridas aves provenientes de distintos puntos del país se da albergue a especies decomisadas para su rehabilitación y posterior liberación. Pero en realidad para Bertonatti lo ideal sería contar con un zoo sin rejas, donde se pueda ver a las especies a través de un vidrio, y que además les permita continuar con la función social que cumplen, recibiendo a chicos de bajos recursos y con capacidades diferentes para que participen de los programas educativos y de reinserción social. De los 3 millones de personas que ingresan por año al predio, tan sólo 900.000 abonan su entrada ya que el resto ingresa gracias a planes de ayuda social.
UN PASEO PÚBLICO SIN ANIMALES EN CAUTIVERIO
Un simpático oso carolina marrón se sienta sobre sus dos patas traseras y mueve las garras delanteras saludando al público. Los chicos se ríen y el animal repite el gesto. Llegan otros visitantes: “Mirá qué lindo el ositoâ€, invita una mamá. El animal saluda nuevamente. La función concluye a la noche, cuando el predio cierra sus puertas y el oso descansa tras las rejas. “Es un autómata que actúa ante la mirada del otro como si estuviera en un circo. Esto es parte de comportamientos llamados zoocosis, el estrés que padecen las especies en exhibición y cautiverioâ€, explica Eduardo Murphy, director del Centro Argentino de Derecho Animal, en uno de los recorridos por el parque.
Más tarde, frente a la jaula del extravagante dromedario de dos jorobas, el camello bactriano, el especialista destaca que esta especie, oriunda de Mongolia,está acostumbrada a caminar como mánimo 60 kilómetros por día en el desierto mientras que en el Zoo está encerrado y quieto. Para Murphy la situación de su vecino, el orangután de Borneo, no es menos penosa: “Viven en zonas tropicales y están habituados a moverse en grupos y no a estar solos como oísteâ€, agrega.
El libro ZooCheck, de Bill Travers (1992), describe algunos de los más frecuentes síntomas que muestran los animales que padecen esta enfermedad llamada zoocosis: caminan de arriba abajo, siguiendo el mismo recorrido sin cesar (tópico en los felinos), dan vueltas en círculos, lamen repetitivamente las paredes, los barrotes o las puertas de la jaula, giran el cuello de forma antinatural y se mecen hacia delante y atrás de forma obsesiva (característico en los monos).
En realidad, los cuestionamientos a los zoológicos tradicionales o victorianos nacieron en los años 60. Por ese entonces, varias instituciones del mundo acusadas de funcionar como cárceles de animales comenzaron a reemplazar las viejas jaulas por recintos más espaciosos, con ambientaciones que asemejaban el hábitat natural de los animales. Años más tarde, la Estrategia Mundial en la Conservación de los Zoológicos (The World Zoo Conservation Strategy, de 1993) sugirió no ingresar fauna exótica y focalizarse en la recreación, educación, investigación y conservación. Según la organización internacional Elephant Voices, un elefante en cautiverio vive 40 años menos que uno en libertad.
Si bien no hay estadísticas oficiales se estima que hoy habitan en el Zoológico de Buenos Aires unos 2500 ejemplares: los de cautiverio, los de libre circulación y los que pertenecen al acuario, donde se realizan shows para los visitantes y cuyo funcionamiento también se cuestiona, ya que una ley de la ciudad de Buenos Aires prohíbe la exhibición y el circo con animales.
La cordobesa Alejandra García es una reconocida activista mundial contra la fauna en cautiverio. En España, donde reside, fue famosa por liderar la campaña Libera a Susi, la elefanta del zoo de Barcelona que padecía estrés y depresión. Propone para nuestro parque un programa de reconversión para que cesen los proyectos de cría y donde las jaulas vacías sean reemplazadas por espacios virtuales educativos donde se puedan ver las especies en 3D, mapping y otras técnicas.
“No se puede hablar de animales en general, sino de individuos -aclara-. Antes de planificar traslados se debe considerar la edad de cada especie, su historia clónica, las afecciones, cómo está conformada su familia y el grado de zoocosis que padeceâ€, explica desde Marcos Sierra, Córdoba, donde está a punto de inaugurar un santuario para caballos víctimas de la tracción animal.
García recuerda que las consecuencias del cierre de zoológicos en Europa en 2003 luego de los cuestionamientos al cautiverio no tuvieron buenos resultados. “Hubo mucha crueldad, los animales terminaron subastados y en cotos de caza, donde se los mataba para fabricar zapatos o sillones de cuero.†Además, al bajar los ingresos económicos esto repercutió de inmediato en la calidad nutricional de la fauna. Con respecto a los traslados, aclara que “es una utopía pensar que alguien va a solventar semejante gasto. Un millón de dólares costó llevar un elefante de Alaska a Estados Unidosâ€, asegura. «Y si se los aparta del público? Esta tampoco sería una solución. “Uno como activista pierde el control de los animales y se los aparta para ponerlos en pasillos oscuros, sin luz natural como si estuvieran en Alcatraz.â€
Lo cierto es que cada una de las 52 piezas arquitectónicas del parque en cuestión encierra en sí misma una historia. Fueron construidas a partir de 1888 durante la gestión del célebre naturista Eduardo Holmberg con un estilo acorde según el país del cual provenían las bestias. Algunos ejemplos son el Templo Hindú (1903) para los elefantes, el Monario Azul y el árabe (1899) para los simios, y el Templo Indostónico de Bombay (1901) para las vacas. Los chicos se paseaban arriba de un pony, de un camello o de un elefante. También había un tranvía que recorría los 18 kilómetros del predio que en sus orígenes formaban parte de los jardines de la estancia del caudillo Juan Manuel de Rosas.
Sin dudas, el Zoológico de la ciudad de Buenos Aires era un paseo muy atractivo y original por ese entonces. Durante la gestión del investigador Clemente Onelli, de 1500 visitantes que hubo en 1903 se pasó a 15.000 en menos de un año. El científico y escritor estaba tan interesado en estudiar el comportamiento de las fieras que cuenta la leyenda que lo vieron varias veces durmiendo de noche cerca de las jaulas para no perderles rastro. En ese zoológico nació el primer elefante asiático en el mundo.
Menos conocida es la gestión del hermano del ex presidente Juan Domingo Perón, Mario, un ex comisario de Neuquén a quien el general visitaba en el Zoológico cuando quería comer asado, pasear y conversar tranquilo. Cuentan allegados a la familia que Perón lo llamó por teléfono. “¿Qu´e querés? «Una embajada?â€, le preguntó. Pero el comisario le dijo que deseaba ser director del Zoológico. “Me interesan los animales.â€
Más allá de las diferentes gestiones que tomaron la posta en 124 años, los historiadores coinciden en que desde mediados del siglo XX comenzó la decadencia del parque, agudizada con la privatización de los años 90.
RECUPERAR EL PAISAJE CREADO POR CARLOS THAYS
El arquitecto Rodolfo Livingston, amante del Buenos Aires antiguo, confiesa que cuando pasa con los nietos en auto por la avenida del Libertador y Sarmiento se entristece al ver el Zoológico invadido por carteles y por “unos enormes cubos o depósitos espantosos que nada tienen que ver con ese lugar increíble que era parte de la fantasía de la genteâ€. Autor de decenas de libros, Livingston propone crear un área pública gratuita, un espacio de conservación como existe en el Central Park de Nueva York. “A nadie se le ocurre poner allá carteles. Se respeta su historia. Lo mismo en el Coliseo Romanoâ€, compara.
Para el profesor se debe volver al concepto de que el Zoológico es un paseo público no exclusivo, un lugar emblemático, donde las generaciones puedan reconocerse. En ese sentido demanda que se respeten los jardines y lagos diseñados por el célebre Carlos Thays. “Era un genio -califica al paisajista-, pensá adónde iban cada uno de los árboles, de los lagos, los arbustos. Uno va caminando y los senderos se van torciendoâ€, asegura aludiendo a Borges.
Cabe preguntarse entonces si es posible que el zoológico porteño vuelva a ser una institución modelo y el alegre paseo de años atrás, o si continuará entre los devaneos de las instituciones públicas y las políticas privatizadoras de turno. Detrás de las rejas, los leones y elefantes miran al pasar como queriendo adivinar cuál será su destino. O si van a poder escapar, como en la película Madagascar. Esculturas, monumentos, jardines y lagos también parecen pedir a gritos la vuelta al brillo de antaño. Sin duda, el Zoológico de Buenos Aires es una parte característica del paisaje porteño. Livingston remata con una invitación a la reflexión: “No debemos olvidarnos nunca de que en francés paisaje es paysage, la unión de dos palabras, país y sabioâ€..