“Palermo Freud” ¿Conoces Villa Freud?

Palermo con 15,9 km2 de superficie, es el barrio de mayor extensión de la ciudad de Buenos Aires, en gran medida por ello, distintas zonas de su basta geografía urbana fueron rebautizadas comercialmente con el nombre del barrio seguido con alguna característica que identifica las particulares propias y distintivas de cada sector. Así, y por la importante aglomeración de profesionales de la psicología desde hace décadas atrás, el área comprendida por las Avdas. Scalabrini Ortiz, Santa Fe, Coronel Diaz y la calle Soler fue nominada como “Palermo Freud”.

¿Conoces Villa Freud? Villa Freud es la denominación informal que se utiliza para referirse a una zona dentro del barrio de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires, en donde se multiplican los consultorios de psicólogos que escuchan y aconsejan a miles de pacientes semanalmente.

Villa Freud, Palermo Sensible o Guadalupe (por estar ubicado en la zona del legendario Colegio Guadalupe) es la denominación informal para referirse a una zona dentro del barrio de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires.

Es un barrio “no oficial” que comprende un pequeño sector del barrio de Palermo, aproximadamente 0,85km², y está ubicado en la zona que rodea la Plaza Güemes, conocida también como “Plaza Guadalupe”, entre las calles Honduras, Av. Scalabrini Ortiz, Av. Santa Fé y Av. Coronel Díaz.

Esta zona fue el epicentro, desde el año 1960 en adelante, de un gran número de residentes relacionados con el ejercicio de la Psicología, lo que dio origen al mote de “Palermo Sensible” o “Villa Freud” para referirse a este lugar. Existieron dos importantes ex cafés llamados Sigi y Freud en las inmediaciones de la Plaza Güemes, haciendo eco al nombre del barrio.

Existe en Argentina un psicólogo por cada 650 habitantes, y en Buenos Aires 1 por cada 120 habitantes, muchos de ellos en las cercanías de la Plaza Güemes. Es en Argentina donde se encuentra la mayor cantidad de psicólogos en todo el continente americano.

Villa Freud es un microbarrio de Palermo Viejo. El ingenio del vecino lo bautizó Freud por la gran cantidad de consultorios de psicoanalistas y psicólogos que lo han elegido como hábitat natural. Zona en la que, en consecuencia, se han ubicado algunas librerías y quioscos de diarios y revistas que ofrecen en ocasiones publicaciones sobre el tema. En su microcentro, la Plaza Güemes, antiguamente una laguna, constituye el corazón de Villa Freud. Está comprendida entre las calles Medrano, Salguero, Mansilla y Charcas. En su frente, resalta la basílica del Espíritu Santo, conocida popularmente como La Guadalupe.

A su lado el colegio católico que lleva el mismo nombre (Paraguay 3925), donde hizo sus estudios el músico y poeta Enrique Santos Discépolo. En uno de los laterales de la basílica, surge lo que se denomina “la plaza más chica de Buenos Aires”. Su forma es la de un triángulo escaleno, cuyo lado mayor mide escasos diez metros. Cuenta Borges que el patrón de esta plaza fue Nicanor Paredes, caudillo y payador, y dice también que era la plaza favorita del vecino poeta Evaristo Carriego, cuya casa, adquirida por la Municipalidad de Buenos Aires, es hoy un museo que rinde honores al artista (Honduras 3784).

La plaza está rodeada por dos o tres cafés que tienen mesas en la vereda. A metros, un bar llevaba el nombre de “Sigi” (Salguero 1804) en alusión a Sigmund Freud.

También a una farmacia de la zona la han dado a titular “Villa Freud” (Medrano 1773). Además, la congregación que fundó la iglesia de Guadalupe fue la del Verbo Divino que, curiosamente, se ocupa de la curación del espíritu a través de la palabra. Casi como en terapia.

Charcas: de una parte, Marcelo T. Alvear y, de la otra, República Dominicana La calle Charcas se denomina Marcelo T. Alvear hasta la Avenida Puerreydón. Luego, desde la Avenida Coronel Díaz, sólo en la vereda par y hasta la calle Salguero, es República Dominicana.

En el lugar, se localiza la Catedral Católica Armenia Nuestra Señora de Narek (Charcas 3529). Allí mismo, una plazoleta lleva el nombre de Monte Ararat que hace referencia al lugar en el que, según la narración bíblica, se asentó el Arca de Noé después del diluvio universal. Pero el Ararat es también la montaña nacional de Armenia. Cabe destacar que el papa Juan Pablo II privilegió a la ciudad de Buenos Aires al erigirla en sede del Exarcado Apostólico Armenio para América Latina. La plazoleta vecina lleva desde 1985 el nombre de San Vladimiro.

EL PROYECTO QUE NO FUE EN El 2006
Fecha: 29- 08-2006 El diputado porteño del lilismo, Alejandro Rabinovich, impulsó una iniciativa legislativa para que un tramo de la calle Medrano, en la zona de Palermo, sea rebautizada Sigmund Freud. Los fundamentos

El legislador del ARI, Alejandro Rabinovich, presentó un proyecto de ley para denominar “Pasaje Sigmund Freud”, al tramo de la calle Medrano, ubicado entre Mansilla y Charcas, en el barrio de Palermo. “Debido a las reformas en la plaza Güemes, quedaron unificados la vereda de la Basílica Nuestra Señora de
Guadalupe con el segmento de la plaza que la confronta. En consecuencia, se han transformado los últimos 100 metros que hasta entonces eran parte de la calle Medrano en un pasaje totalmente independiente; sin continuidad de
tránsito vehicular, ni alineación con las dieciocho cuadras de Medrano”, señaló el diputado al fundamentar su idea.”Se da entonces una circunstancia particular, en la que subsisten en un mismo barrio y con metros de distancia, una calle y un pasaje que comparten el mismo nombre y que generan confusión para el transeúnte”, agregó el arista. Esta singular situación motivó la iniciativa, que por su lado, “promueve el homenaje a un eminente personaje de las ciencias, la cultura y el campo de la subjetividad como Sigmund Freud, tan caro a no pocos vecinos de la Ciudad”, según señala el proyecto en sus fundamentos.

PROYECTO DE LEY
Artículo 1.- Impónese el nombre de “Sigmund Freud” a la calle Medrano al 1900 entre las Calles Charcas y Lucio V. Mansilla
Artículo 2.- Comuníquese, etc.

FUNDAMENTO
Señor presidente
En el marco de la reforma efectuadas recientemente en la Plaza Güemes – situada en el corazón de lo que la cultura popular ha llamado desde hace mucho tiempo Palermo Sensible o Villa FREUD (área intermedia entre Alto Palermo y Palermo Viejo) y su entorno de calles, se ha unificado la vereda de la Basílica de Guadalupe con el segmento de la Plaza que la confronta, la cual se ha transformado en los últimos 100 metros que hasta entonces eran parte de la calle Medrano en un sector totalmente independiente de la misma, que va desde la altura 1901 a 1989: sin continuidad de tránsito vehicular ni alineación con las dieciocho cuadras de la calle Medrano que nace en la Avenida Rivadavia y que, hoy finaliza en la calle Mansilla.

La mencionada anomalía recientemente generada, abre al mismo tiempo la oportunidad de rendirle homenaje a un eminente personaje de las ciencias, la cultura y el campo de la subjetividad. Nos referimos a Sigmund Freud, tan caro a no pocos vecinos de esta ciudad, en particular del mencionado barrio de Palermo, y que tanto tiene que ver con la historia del último siglo, tanto a nivel mundial como para nuestro país; pero en particular para nuestra Ciudad.
Expresar dicho nombre en una de sus calles implicaría, a su vez, un honor para el propio Barrio de Palermo y la Ciudad toda. Así lo entienden no pocos vecinos.
Si bien esta nominación para nada implica un cambio de denominación de calle alguna previamente existente,
Por todo lo expuesto Señor Presidente, solicito la aprobación del presente proyecto

FREUD: un merecido y postergado homenaje. Una OPORTUNIDAD.

En el 2006 un El Dr. FRIEDMAN, Eduardo Diego. Vecino propone homenajear a Freud en el corazón de la Plaza Güemes, también llamada “Villa Freud” o “Palermo Sensible” por ser el único barrio en el mundo con la más alta densidad de terapeutas del mundo.

A semanas de la re-inauguración de la remozada Plaza Güemes ubicada en el corazón de un barrio conocido como Palermo Sensible tanto como Villa Freud (apelativo que le a dado la tan típica clase media: no solo de ese barrio, sino de Buenos Aires toda) pone en cuestión que esta ciudad no tiene ni una plaza, ni una calle que homenajee a este científico y hombre de la cultura, cuya impronta ha sido una de las más importantes del siglo XX y en particular para nuestro país.
Quizás el tema no pase por plantear un debate por el nombre de una plaza y provocar divisiones pueriles. En todo caso más que dividir, la propuesta tendría que ser superadora: ¿No será entonces hora de que junto al mástil que homenajea a Güemes – un heroico luchador por la integridad del cuerpo de nuestra naciente Nación, durante los más difíciles momentos del siglo XIX – se levante un busto de Sigmund Freud: quien le dio carta de ciudadanía a la subjetividad, en los albores del siglo XX y denunció – entre otros males – a la guerra y la discriminación; siendo al mismo tiempo alguien que sostuvo firmemente (no solo antes de su etapa de producción psicoanalítica sino también en las postrimerías de su obra y su vida) los propios ideales de la Ciencia? Y particularmente en el año en que la humanidad toda conmemora el sesquicentenario de su nacimiento.

Así mismo, la calle Medrano a la altura del 1900 – en sus últimos cien metros: entre Charcas y Mansilla – cambia sinuosa y confusamente de rumbo para acomodarse a uno de los lados de dicha plaza. Además, la refacción de la mencionada plaza la ha dejado – lisa y llanamente – separada. ¿No sería esa complejidad topológica, la que habilitaría a cambiarle el nombre solo a dicha cuadra, sin quitarle a nadie presencia, ni complicar – sino más bien simplificar – la cartografía de nuestra Ciudad.

Se que estas modificaciones y actos de gobierno requieren decisiones previas del Legislativo, por ello me dirijo a Uds. sin discriminar bloques, sino más bien orientándola a las cuatro Comisiones que les pueda ser pertinente. Lo se a muchos de Uds. sujetos de la cultura, en consecuente dar más explicaciones que las que pretendía dar en la carta sería no solo redundante, sino reflejarían desubicación de mi parte. En todo caso sobre mi solo quisiera señalarle apenas un aspecto. Soy un psiquiatra que sigue con uno de sus pies dentro del psicoanálisis, pero que no ha temido apoyar – desde hace tiempo – el otro en las neurociencias y por cierto disfruto de tener que soportar esa suerte de ¿contradicción?

Contando por adelantado con que Uds. sabrá darle el mejor curso posible a esta preocupación ciudadana, los saludo muy atentamente.

– ¿Dr. Friedman cuáles son las nuevas problemáticas que se enfrentan los Médicos en lo que respecta a la Psiquiatría infanto-juvenil?.

La más importante problemática que soporta la Psiquiatría infanto-juvenil – como toda la psiquiatría y la medicina en general – es cómo incorporar la impresionante carga de información y conocimientos nuevos, articulándolos con el conjunto de saberes de las distintas disciplinas con las cuales se comparte el campo de la llamada Salud Mental. No hay mayormente ‘nuevas patologías’ pero sí se desplazan las fronteras del conocimiento sobre ellas, y donde antes la psiquiatría como tal no podía dar respuesta – o daba una respuesta muy limitada – se ha empezado a producir caminos terapéuticos, como los que ha abierto la moderna psicofarmacología – y vislumbrar otros a futuro, desde la especificidad de esta disciplina u otras afines, en el campo médico-biológico.

Y esto se renueva día a día, lo que nos obliga a estar en permanente formación dentro de las instituciones asistenciales y científicas en las cuales debemos desarrollar, por lo menos parte de nuestra práctica y formación continua. Y todo ello sin desconocer – sino más bien articulando: incluso en nuestra práctica asistencial cotidiana – otros saberes y prácticas como aquellas atinentes a las psicoterapias (más allá de lo que estas mismas puedan debatir entre si).

Hoy por hoy, no hay abordaje ético posible de la subjetividad que no sea transdisiplinario, adecuando esto a cada tipo de patología y cada paciente en particular.

– ¿Por qué hay que hacerle un homenaje a Sigmund Freud en la Plaza Güemes?

Como decimos en la carta que elevamos a la legislatura: esta ciudad – paradójicamente – no tiene ni una plaza, ni una calle que homenajee a este científico y hombre de la cultura, cuya impronta ha sido una de las más importantes del siglo XX y en particular para nuestro país. Es Sigmund Freud: quien le dio carta de ciudadanía a la subjetividad, en los albores del siglo XX y denunció – entre otros males – a la guerra y la discriminación; siendo al mismo tiempo alguien que sostuvo firmemente (no solo antes de su etapa de producción psicoanalítica sino también en las postrimerías de su obra y su vida) los propios ideales de la Ciencia. El hecho de estar transitando el año en que la humanidad toda conmemora el sesquicentenario de su nacimiento, le da una absoluta actualidad a la cuestión. Pero además está la oportunidad: la calle Medrano a la altura del 1900 – en sus últimos cien metros: entre Charcas y Mansilla – cambia sinuosa y confusamente de rumbo para acomodarse a uno de los lados de la Plaza Güemes. La actual refacción en curso de la mencionada plaza, la ha dejado – lisa y llanamente – desvinculada. Y es esa sinuosidad, la que habilitaría a cambiarle el nombre solo a dicha cuadra (hoy por hoy, convertido en un verdadero pasaje) sin quitarle a nadie presencia, ni complicar – sino más bien simplificar – la cartografía de nuestra ciudad. Además se produce en el recodo de un barrio como el nuestro – yo también lo habito y trabajo en él como no pocos colegas –, denominado ya sea ‘Palermo Sensible’ como ‘Villa Freud’, apelativo que le ha dado la tan típica clase media: no solo de este barrio, sino de Buenos Aires toda.

– ¿Tuviste algún apoyo con este proyecto?
Es muy precoz aun para hablar de apoyos ya que es en este fin de semana (domingo 23 de julio) en que salí a permear la iniciativa a través de un mailing dirigido hacia la legislatura, al propio Jefe de Gobierno y a las entidades científico-psicoanalíticas. Si puedo decir que muchos colegas, desde el mismo lunes, han mostrado interés. Incluso alguna legisladora, concretamente la Lic. Lidia Saya, – que tal vez por ser una colega psicóloga – ha mostrado rapidez de reflejos, comunicándose el propio lunes siguiente conmigo: primero solicitando precisiones en respuesta al mail que yo dirigía a las cuatro comisiones que entendí implicadas – Cultura; Educación, Ciencia y Tecnología; Salud; Planeamiento Urbano – y a c/u de sus integrantes, y luego citándome a través de una asesora en la propia Legislatura. Desde ya me manifesté predispuesto a conversar con todos los integrantes de todas las comisiones que fuese pertinente, sin distinción de bloques, alguna.
De todas formas uno de los apoyos más precoses ha sido, por cierto, el de Uds., que al día siguiente me contactaron. Hecho, por cierto, destacable.

El legado de Freud
El 23 de septiembre de 1939 fallecía en Londres Sigmund Freud, una de las mentes más brillantes de su tiempo, su obra, aportes y legado continúan vigentes hasta nuestros días.

Freud había nacido en 1856, en Príbor, Moravia, por entonces parte del Imperio austríaco, vivió y se educó en Viena, donde estudio medicina.

En un comienzo se dedicó a la investigación científica y se centró en el campo de la neurología, junto al médico francés Charcot aplicó la hipnosis en el tratamiento de la histeria, más tarde con Josef Breuer desarrolló el método catártico, que luego dejaría de lado para reemplazarlos por la asociación libre y la interpretación de los sueños, pilares del método psicoanalítico.

“La interpretación de los sueños”de 1899, probablemente sea su obra más importante, ya que sienta las bases del psicoanálisis. Freud creó los revolucionarios conceptos del inconsciente, el deseo y la represión. Dividió la mente en la tópica: ello, el yo y el super yo.

Pese a las críticas que recibió por parte del puritanismo de su época se abocó al estudio de tabúes referidos a la sexualidad, desarrollo conceptos como el complejo de edipo. Freud se dedicó al tratamiento clínico de pacientes que presentaban histerias, fobias y padecimientos psíquicos. Estudió y delimitó las estructuras clínicas como la neurosis, la psicosis y la perversión.

En 1923 se le diagnosticó un cáncer de paladar, que le trajó grandes padecimientos hasta el fín de sus días, a pesar de esto nunca dejó de fumar.

Atendió a sus pacientes en el histórico consultorio de la calle Berggasse 19 en Viena, hasta que en 1938 tras la anexión de Austria por parte de Alemania, decidió exiliarse en Londres, antes de que empezará la segunda guerra mundial. Vivió allí poco más de un año hasta su fallecimiento.

Numerosas instituciones de enseñanza del psicoanálisis se multiplicaron por todo el mundo, hoy día sigue siendo particularmente importante en el campo de la salud mental en países como Argentina y Francia, pero también su influencia ha llegado y perdura en el cine, el arte, la literatura y la enseñanza.

Para los argentinos, este ejercicio es parte cotidiana de su rutina, incluso resulta extraño que una persona no haya recurrido nunca al diván del terapista en algún momento de su vida. De hecho, Argentina tiene la mayor cantidad de psicólogos per cápita en el mundo: cerca de 198 por cada 100.000 habitantes, de los cuales casi la mitad están en la capital argentina. En la región, le sigue muy de lejos Colombia, con 11 por cada 100.000 habitantes.

Tal es la importancia del tema para los argentinos que existe una Ley Nacional que asegura el derecho a la protección de la salud mental de todos los ciudadanos, vinculando el bienestar emocional con el respeto de los derechos humanos y sociales.

Pero a menos de cinco kilómetros del barrio del psicoanálisis, en uno de los asentamientos precarios de la ciudad de Buenos Aires, miles de personas están expuestas a problemas sociales complejos y grandes dificultades para acceder a prestaciones de salud mental. Para ellos, Villa Freud no es más que un conjunto de calles y manzanas en una zona acomodada de la ciudad.

Este gran número de vecinos de Villa Freud con escaso acceso a los servicios de salud mental requiere de estrategias que contribuyan a lograr una cobertura integral. Todos los individuos, particularmente los más vulnerables, requieren de acceso a servicios de salud de calidad a lo largo de su vida, ya sean de promoción, prevención, curación, rehabilitación o cuidados paliativos, sin tener que pasar por dificultades financieras para pagarlos.

En general, cuando se hace referencia a los servicios sanitarios se dejan de lado los problemas de salud mental, un componente esencial e intrínseco de la misma y que está directamente relacionado con el bienestar personal, familiar y comunitario. Por esta razón cada 10 de octubre se conmemora el Día de la Salud Mental para contribuir a la toma de conciencia y a erradicar los mitos y estigmas en torno a este tema.