Monumento a Juan Manuel de Rosas

En la Plaza Intendente Seeber con 15 metros de alto y unas tres toneladas de peso, la estatua ecuestre del lider de la Sanata Federación, el Restaurador Rosas, fue emplazada e inaugurado en Buenos Aires en el año 1999 sobre en Avenida del Libertador y Av. Sarmiento, en la Ciudad de Buenos Aires. Frente a la estatua se dispuso una réplica del sable del Libertador José de San Martín. El monumento se erige en el Parque Tres de Febrero , construido por Domingo Faustino Sarmiento sobre los terrenos donde estaba la casa de Juan Manuel de Rosas. Muy cerca del Monumento a los Españoles de hoy, estuvo situada la casona que Juan Manuel de Rosas poseyó en Palermo, la que circundaba un extenso terreno cubierto de jardines y arboledas. Durante el gobierno de Sarmiento el paraje se denominó Parque 3 de febrero, y en la residencia estuvieron instalados, el Colegio Militar y la Escuela Naval. La estatua de Sarmiento hoy está en el mismo lugar donde había estado la Casa de Rosas. El edificio fue comenzado en 1838 con los planos del ingeniero Senillosa. Se comenzó a demoler en 1899.


Una historia de una casa y de un barrio

En lo que hoy son los llamados Bosques de Palermo, uno de los parques más importantes de la Ciudad, tuvieron su origen en una obra de gran escala que hizo Juan Manuel de Rosas y sus arquitectos e ingenieros. A lo largo de más de diez años, adquirió masivamente tierra de ese sector abandonado hasta ese entonces y los transformó en el primer parque del país. Nunca nadie había inten­tado siquiera a escala doméstica una obra de ese tipo. Para ello hizo rellenos de tierra, lagos, canales, estanques, áreas de flores, de cultivos, caminos y hasta un estanque artificial en que circulaba un pequeño barco, mientras que los pasean­tes veían el paisaje desde puentes y bancos de mármol. Era privado pero a la vez público porque aún no existía otra manera de serlo.En el centro de todo estaba el Caserón, una obra también de gran escala, palaciega, decorada con lujo y como se describe en base a documentos de su tiempo, lo mejor que se podía tener en Buenos Aires.

La vida doméstica estaba claramente organizada, con rituales, fiestas, eventos y hasta un barco transformado en salón de bailes y para tomar el té.Este libro describe con detalle, por primera vez, la historia de ese primer par­que argentino y sus vicisitudes para llegar hasta los grandes trabajos de Sarmiento para su preservación y lograr transformarlo en lo que es hoy.Asimismo, se describen las excavaciones arqueológicas que permitieron hallar los restos del caserón, se describen los objetos hallados en su interior y alrededor, estudio que pese a que han transcurrido varios años desde que fue hecho, nunca había sido publicado por su complejidad. Los autores son quienes han hecho las excavaciones arqueológicas.Se cuenta con un excelente material gráfico, incluso imágenes a color nunca publicadas, de cuando vivía allí Rosas, al igual que mucho material de los años siguientes hallados en archivos desperdigados por todo el país y que significó años de trabajo documental.

La residencia particular de Rosas

Residencia de Rosas desde 1839 hasta 1852. Sus tierras fueron adquiridas por el Restaurador en 1836, cuando sólo eran pantanos, bajos y bafiados. Con tierra traída de lo que es hoy Belgrano, y solventando la empresa de su bolsillo, el dictador logró convertir los terrenos en un jardín luego de grandes esfuerzos y labores.

A fines de 1838, el caserón levantado en la actual intersección de las avenidas Sarmiento y Libertador, estaba en condiciones de habitar, y el gobernador dejó la casa de Bolívar y Moreno (de los Ezcurra), para radicarse con Manuelita en Palermo, meses después de la muerte de doña Encarnación.

El edificio principal era un gran caserón cuadrado, totalmente rodeado Por una galería exterior con arcadas en recova. Sobre un patio central convergían dieciséis habitaciones interiores. Una terraza en azotea, con baranda de hierro, complementaba las comodidades de la casa. Dirigió la construcción el maestro Santos Sartorio, sobre planos de Felipe Senillosa.

Cerca del edificio central se hallaba el de la Maestranza o La Crujía, donde estaba el cuartel con la escolta del gobernador. En los amplios jardines y parque podían verse avestruces, teros, gavilanes y pájaros de hermoso plumaje. Un estanque de 100 varas de largo era una de las atracciones de Palermo.

Diez años después de empezado recién Palermo adquirió la comodidad y el esplendor que Rosas anhelaba. Una descripción de Xavier Marmier, de 1850, dice lo siguiente:

“Yo no he visto en todo Buenos Aires más que un hermoso edificio: la casa de Rosas., Ha sido construida según el plano general de las casas de la ciudad pero por un arquitecto hábil y sobre dimensiones cuya extensión no altera en nada la elegancia del edificio. Forma ella sola toda una manzana y no tiene barrera que impida el acceso ni cuerpo alguno de guardia que indique su entrada. Algunos grupos de soldados vestidos con chiripaes rojos, acurrucados en el patio, son los únicos que con su presencia denuncian que aquel edificio no es el de un simple particular”.

Rosas había iniciado los trabajos en Palermo en 1834, una zona por entonces muy baja -inundable- y arcillosa. Para su nivelado, durante dos años hizo que miles de carretas trasladaran tierra desde Belgrano y Recoleta. Una vez terminado este trabajo encargó a uno de los constructores más importantes de Buenos Aires, José Santos Sartorio, la construcción de una residencia para aquel terreno. La edificación se realizó entre 1836 y 1841

Su arquitectura evitaba las modas europeas, por el contrario el estilo del caserón combinaba el estilo de las estancias rurales con las residencias mediterráneas. Se trataba de una inmensa estructura rectangular de 78 por 76 metros con patios internos, y rodeada de galerías; en los cuatro vértices se construyeron cuatro torreones de estilo similar; uno de ellos dedicado al culto de San Benito. Por fuera, la rodeaban jardines, animales exóticos y cultivos. Esta casa fue sede del gobierno entre 1841 y 1842.

Todos los trabajos fueron realizados y pagados con recursos particulares de Juan Manuel de Rosas, sin utilizar recursos del Estado.

El Restaurador hizo construir los jardines para que los disfrutaran quienes quisieran hacerlo; de ahí que el acceso a Palermo era libre, ya que no había verjas y guardias en su alrededor. El general Lamadrid describe en sus memorias cómo pudo introducirse tranquilamente hasta la morada del dictador, su compadre, cuando éste se negaba a recibirlo, gracias a esa falta de vigilancia. El 3 de febrero de 1852, la última persona que se retiró de Palermo fue Manuelita, que lo hizo a las ocho de la noche.

Demolición de la Casona

Después de Caseros, la propiedad de Palermo se incluyó entre los bienes confiscados de Rosas y pasó años abandonada. En 1858 se la utilizó para la Primera Exposición Rural y después como sede de una Escuela de Artes y Oficios. En 1869 fue ocupada por el Colegio Militar de la Nación, recién fundado, que estuvo allí hasta 1893. Luego, por la Escuela Naval, hasta 1899, año en que se dispuso la demolición de la histórica residencia de don Juan Manuel, durante el segundo gobierno de Roca y la intendencia de Adlofo Jorge Bulrich (1898-1902), para festejo y regocijo de los unitarios de la época.