Historia de la Sastrería Militar de Las Cañitas

La Sastrería Militar, creada en 1897, estuvo en diferentes localidades, pero desde 1995 y ajena al desarrollo urbanístico de Las Cañitas, se encuentra en Clay 3071. Más de 300 personas, entre soldados voluntarios y civiles, cosen los uniformes militares argentinos.

La Sastrería Militar cuenta con una trayectoria muy extensa, con el tiempo, los soldados pueden especializarse en sastrería y llegar a suboficial sastre.

Al ingresar en el taller de producción da gusto ver cómo las máquinas despiden prendas de alta calidad hechas por manos de jóvenes, tanto hombres como mujeres, que se especializan según su perfil. En la parte operativa, dos líneas con 85 máquinas cada día realizan hasta 130 uniformes de combate (camisa y pantalón).

Bajo el ojo de los suboficiales sastre en la línea de producción, las prendas terminadas pasan después por el sector de limpieza, luego van al área de Control de calidad, donde se revisan las medidas y su confección, y finalmente se arman los pedidos para cada unidad. “Aunque trabajamos a escala industrial, la mayor satisfacción es que al finalizar el día tenemos un producto terminado del cual también somos usuarios. El mayor incentivo es siempre ver el producto terminado”, apuntan desde la misma Sastrería.

En el taller de gabanes de abrigo del uniforme de combate se realizan estas prendas en tela liviana, abrigada y con tratamiento repelente al agua, lo que fue comprobado por esta cronista. Allí, 32 operarios son los artífices de la protección contra las inclemencias del frío que en diferentes puntos del país deben soportar los militares.

En la zona de seguridad se ubica el taller de Chalecos Antibala, según la normativa del Registro Nacional de Armas (Renar) MA 01. “El chaleco tiene un uso controlado, como un arma de fuego: debe constar su resistencia balística y quién es el usuario final, en general los organismos de seguridad. Usamos diferentes tipos de materiales (aramidas [una clase de kevlar], polietileno o mezclados); el peso llega a dos kilos; protege el pecho y la espalda, con Nivel III de resistencia balística (protección de arma .44 Magnum y 9 mm de alta velocidad). También hemos desarrollado prototipos de campera con protección antibala Nivel III y el chaleco canino. Los materiales tienen una vida útil de 5 años como mínimo y 10 como máximo. Al superar este límite, se pierde la resistencia balística; por eso, el registro de cada uno permite saber su estado. Elaboramos 1000 chalecos por mes, en diferentes talles, y cada uno tiene un valor de entre 1200 y 5500 pesos, según el nivel antibalístico”, comentaron en la Sastrería .

El chaleco retiene hasta seis impactos, pero una vez que ha recibido uno, debe retirarse del servicio y cambiarlo. En esta área también se elaboran correajes, accesorios (pistoleras, bolsas de equipo) y material antitumulto.

La sastrería cuenta con un área comercial y de servicio posventa donde se hacen los ajustes individuales una vez realizada la venta. Además, existe el sector de Pompa, donde se elaboran bordados y se han hecho bandas presidenciales, incluida la de la ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner. “Trabajamos a medida y por pedido los bordados en hilo, estambre o cordones; es un trabajo muy difícil, pero como queremos lo que hacemos, los hacemos con gusto”, comentó una de las especialistas, que lleva 27 años en el área de Pompa.

La Sastrería Militar autofinancia su producción, que oscila entre 25.000 y 30.000 uniformes cada año, y por ley una parte de la utilidad le corresponde.

Un espacio muy apreciado por quienes adquieren sus trajes, ya sea de fajina o de gala, es el Museo de Uniformes Militares, inaugurado el 21 de septiembre de 2007, donde se representa el 50 por ciento de los modelos militares históricos. Entre ellos hay uno muy particular. “Es un uniforme de suboficial español de la unidad creada en 1724, el Regimiento de Caballería de Tanques 6 Blandengues (del verbo blandir), que querían amedrentar con su sola presencia a los indios.

También está el de los Arribeños, de la época de las Invasiones Inglesas, semejantes a los usados en España cuando estaba invadida por Francia, y cuyos uniformes napoleónicos eran deslumbrantes. Acá vino la moda española afrancesada y se mantuvo durante el siglo XIX. Los colores rojo y azul evocaban la bandera francesa. El color del Ejército es azul o blanco con azul; el verde es el de diario”, comentó el mayor y periodista Sergio Toyas, especialista en historia.

En las vidrieras se observan las representaciones por armas de Infantería (3, 12, 7, 16 y 2); Caballería; Artillería; Zapadores; Ingenieros; Comunicaciones; Comisario de Guerra; Arsenales; Servicio de Sanidad, y uno muy especial, el uniforme histórico usado en la Guerra de Malvinas.

Detalles:
-En la boutique, un uniforme constituido por chaqueta, camisa, corbata, gorra, pantalón y zapatos, desde 875 pesos
-Trabajan de 8 a 17 y son jóvenes de entre 18 y 28 años, de todo el país
-Bordar el sol en una bandera tarda un mes
-La sastrería tiene sucursales y subsedes en las provincias


La Sastrería Militar nació de las manos de artesanos

La Sastrería Militar nació de las manos de artesanos e improvisados operarios que confeccionaron los primeros uniformes, banderas, emblemas y distintivos del Ejército Argentino. Desde los albores del Ejército fue una herramienta fundacional de nuestra nacionalidad. Las fuerzas que por entonces se organizaba improvisadamente, contaban con primitivos servicios de apoyo al desarrollo de las operaciones militares. Así, es conocida la magistral organización del Ejército de los Andes, donde el general San Martín, junto con la fabricación de las armas y pertrechos necesarios para atravesar la mole andina, previó los efectos de las bajas temperaturas y la necesidad de tener soldados bien alimentados y vestidos. De tal forma, montó los servicios auxiliares que se ocuparon de algunas de las actuales misiones de la moderna Especialidad de Intendencia. Entre ellas, estaba la confección del vestuario y equipo que vestiría y emplearía el Ejército Libertador.

Los patriotas cuyanos, centralizando una importante actividad de confección de mantas, abrigos, uniformes y toda suerte de elementos que servirían para que nuestros soldados desplegaran su heroísmo y bravura allende los Andes. Telares, batanes, talleres de confección de calzado, monturas y todo tipo de implementos, surgieron dentro mismo de la población, produciendo no solamente la materia prima de los hilados y textiles necesarios, sino también la consiguiente confección de ropas. Allí, en el fondo de nuestra historia patria, puede considerarse el inicio de una organización que ya ha cumplido más de un siglo de existencia, proveyendo de vestuario al personal militar: la Sastrería Militar.

Este mismo espíritu se vivió en todas las campañas militares que se vio obligado a enfrentar el soldado argentino. En todas partes, laboriosos sastres, en los primitivos talleres de lo que con el tiempo se denominaría “Comisaría de Guerra”, confeccionaban chaquetillas, camisas, ponchos, camisetas, capotes y demás elementos para hacer algo confortable la dura vida del soldado. La confección de estos efectos no solo contribuía al uso de una mejor calidad de uniformes, sino que también proporcionaba a centenares de familiares de soldados un medio de ganarse honradamente la vida.

Terminada la terrible Guerra de la Triple Alianza y delineándose ya la definitiva organización nacional, en 1879 se comenzó con el desarrollo de las Campañas al Desierto, que resumen en toda su riquísima historia, las penurias de todo tipo que significaba la supervivencia en medios tan inhóspitos.

Una vez más, en talleres mejor organizados, dependientes de la ya firme Comisaría General de Guerra, con los siempre escasos recursos del Estado disponibles, se continuó abasteciendo vestuario y equipo a las tropas desplegadas en la inmensidad helada de la Patagonia y en los intrincados bosques del Chaco.

De esa época es célebre la arenga pronunciada por el general Levalle, a orillas del río Limay “Camaradas de la División del Sur: no tenemos carne, yerba, tabaco, ni pilchas… ni esperanzas de recibirlos… estamos en la última miseria, pero tenemos deberes que cumplir con la Nación ”…

Esa experiencia de guerra, demostró a las claras la necesidad de contar con organismos que produjeran los elementos necesarios para la supervivencia y eficacia de las misiones asignadas a los ejércitos en campaña.

Desde entonces y con la oficialización de la Sastrería Militar , mediante Decreto del Superior Gobierno de la Nación firmado por el Dr. D José Evaristo Uriburu como Presidente de la Nación y el Tte Grl D Nicolás Levalle como Ministro de Guerra, el 9 de junio de 1897, este organismo está al servicio de los integrantes de Nuestro Ejército.
En aquella época se fijaron pautas para su funcionamiento, las cuales ordenaban a la Intendencia General de Guerra que con sus propios medios confeccionara uniformes militares para los Oficiales y Jefes que así lo requirieran, la forma de pago era a crédito se efectuaba mediante cuotas mensuales descontadas sobre los haberes del personal. Es importante mencionar que la Intendencia General de Guerra debía rendir cuentas ante el Ministerio de los resultados obtenidos.

Entre las muchas manifestaciones que reflejaban la decidida construcción de un ejército moderno, tuvo lugar la creación de uno de los primeros reglamentos de uniformes conteniendo ya el espíritu de los actuales, de respetar tajantemente lo establecido en cuanto a cómo debía ser la vestimenta y cómo se la debía usar. El desempeño de aquel entonces fue sobresaliente. El personal de cuadros podía adquirir las prendas del uniforme, equipo de campaña y demás accesorios de buena calidad y precios accesibles.

Por esta causa las autoridades consideraron la necesidad de crear en la Intendencia General de Guerra un taller de Sastrería. Con el transcurso de los años las actividades de este rubro comenzaron a tener una importancia significativa, lo que provocó la necesidad de redactar un estatuto orgánico, fijar una misión, contar con recursos, planes y presupuestos propios y hasta un directorio.

Hacia 1907 se la separó de la Intendencia General de Guerra, elaborándose un reglamento interno para su régimen y funcionamiento, fijándose la organización interna, el capital inicial para su funcionamiento y una conformación de tipo empresarial para el pujante organismo. En aquel entonces, el ya muy crecido taller debió trasladarse en varias oportunidades dentro de la Capital Federal , hasta que en el año 1939 el Tcnl Int D José Giovannoni, concreta el ansiado proyecto de abrir las puertas en el señorial edificio ubicado en la calle Carlos Pelegrini 877.

En nuestros días se ha traslado a la calle Clay 3071, donde dispone de modernas instalaciones para desarrollar su actividad productiva, administrativa contable y de ventas. La Sastrería Militar como desde hace 110 años, continúa cumpliendo con su misión de brindar un servicio al personal militar y civil de la Fuerza, redoblando esfuerzos en bien de la Especialidad y del Ejército Argentino.