El Palacio de los Gansos, Las Heras y Ugarteche.

Antes de la casa de Piedra. Es la delimitada por Las Heras, Ugarteche, J. M. Gutierrez y República Árabe Siria (digamos mejor Malabia, como le sigue diciendo todo el mundo). Vinieron a vivir en él algunas figuras conocidas, entre ellas Ringo Bonavena.

Se conoce con el nombre de Palacio de los Gansos a un gran edificio residencial que se encuentra en la esquina de Avenida Las Heras y Ugarteche, en el barrio de Palermo de la ciudad de Buenos Aires.

Se trata de una imponente construcción de estilo racionalista, obra de los arquitectos Luis Olezza y Ernesto Vautier, que se terminó hacia 1947. Su propietario original era Alfredo Chopitea, el mismo hombre que dos décadas atrás había hecho construir el vecino Palacio de los Patos, otro gran edificio de lujo de estilo academicista francés.

El Palacio de los Gansos adoptó su apodo del término lunfardo ganso, que significa tonto. En realidad, se inventó este nombre para mantener una relación con el palacio de los patos, otro término lunfardo que indica a las personas sin dinero. En su momento el Palacio de los Patos había sido un gran edificio de departamentos adonde se alojaron personalidades de la clase alta venidas a menos económicamente, luego de la crisis económica de 1930.

En cuanto a su estructura, se trata de un gran edificio compuesto por tres volúmenes interconectados que ocupan apenas la mitad del terreno, ya que el resto constituye un gran jardín de uso común para los propietarios. El diseño es sobrio e imponente, y el basamento de la construcción está revestido en piedras de terminación rústica, contando además con una galería cubierta sobre la Avenida Las Heras y una rotonda para acceso de vehículos sobre la calle Ugarteche. El gran bloque tiene planta baja, con una entrada para cada cuerpo, y doce pisos de viviendas. El jardín está densamente arbolado, e incluye un sector de juegos para niños y varias estatuas que ornamentan. En los subsuelos se encuentran depósitos, las calderas y un gran estacionamiento bajo el parque.

A pocas “cuadras” (lado de manzana) se encuentran algunos de los más conspicuos espacios verdes de la ciudad de Buenos Aires: los Parques de Palermo; el Jardín Botánico, el Jardín Zoológico y el Parque las Heras, esta abundancia de espacios verdes próximos es uno de los motivos por el que la valuación inmobiliaria de la zona en donde está el edificio sea muy cotizada.

ANTES DE LA CASA DE PIEDRA
Quiero hablar ahora de una manzana que para los niños de nuestra época tenía gran importancia, aunque distinta según el sexo.

Para las niñas estaba asociada con el miedo, para los niños con la aventura.

Casualmente, esta manzana es en la que yo vivo actualmente. Es la delimitada por Las Heras, Ugarteche, J. M. Gutierrez y República Árabe Siria (digamos mejor Malabia, como le sigue diciendo todo el mundo).

Actualmente está ocupada por la que muchos llaman la “Casa de Piedra” y otros “La casa de los gansos”; y por edificios de departamentos y negocios.

Pero cuando nosotros vinimos a vivir al barrio era un terreno rodeado de una cerca de ladrillos, de la que aún se conserva una parte, mejorada con falsas columnas de revoque, en la calle Gutierrez. Sólo tenía acceso por una puerta cochera de chapa acanalada, en bastante mal estado, que ocupaba la esquina de Las Heras y Ugarteche. En las muy contadas ocasiones en que sorprendí esa puerta abierta pude ver adentro una casucha pésimamente conservada, con más aspecto de rancho que de vivienda ciudadana..

Todo el resto de la manzana estaba ocupada por plantas, de las cuales algunas sobrevivieron a la posterior transformación en parque, entre ellas la hermosa magnolia, cuya altura actual la libra de las depredaciones que sufría en su juventud. No era una vegetación ordenada, sino una mezcolanza de árboles y arbustos, de adorno y frutales. Justamente estos últimos eran la razón de la vocación aventurera de los niños, que saltaban la cerca (pese a los vidrios de su parte superior), no sólo para robar la fruta, sino para divertirse con el enojo del propietario, que los corría con insultos y escopetazos de perdigones.

Este propietario, un anciano de mal carácter, vivía como un ermitaño, encerrado en su finca, según creo acompañado por una mujer que le hacía las tareas domésticas. Los chismes vecinales lo identificaban como el propietario de gran parte del barrio, cuyo apellido dio nombre a un edificio y una inmobiliaria. No me consta el hecho, como no me consta que la madre de un chico vecino nuestro disfrutara de un legado otorgado por él por haberlo servido.

Lo cierto es que, después de su muerte, se inició la construcción de la casa de piedra, que inicialmente tuvo como parque toda la manzana y estuvo destinada al alquiler. Debido a la incidencia de las leyes de alquileres y propiedad horizontal, los departamentos y la parte de terreno sobre media cuadra de Las Heras y las cuadras de Malabia y Gutierrez fueron puestos en venta. Y ahí comenzó un largo pleito, ya que los adquirentes de los departamentos sostenían que toda la manzana era de ellos, y los propietarios que sólo tenían derecho al terreno ocupado por los cimientos.

Al final, un juez falló por la división actual y los lotes se vendieron, comenzando las construcciones. Como el edificio de la esquina de Las Heras y Malabia tenía cierta categoría, vinieron a vivir en él algunas figuras conocidas, entre ellas Ringo Bonavena.

Fue el comienzo de una cierta “inmigración” de personajes, que se acentuó después con la construcción de las torres en lo que había sido la cervecería Palermo.